La crisis del estrecho de Ormuz agrava el hambre en Asia y amenaza con una escasez de minerales estratégicos
REDACCIÓN NOTI-AMÉRICA (ECUADOR)
El bloqueo del estrecho de Ormuz ha desatado una doble crisis: por un lado, amenaza con una escasez de minerales esenciales para la fabricación de paneles solares, baterías y semiconductores que se utilizan en los teléfonos móviles; por otro, dispara los precios de los fertilizantes y el transporte, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas en Asia, donde 9,1 millones adicionales podrían caer en el hambre aguda.

© UNICEF/InceptChange. Trabajadores humanitarios en Sri Lanka, descargan una donación de UNICEF de botellas de hipoclorito de calcio como parte del proceso de suministro para la respuesta a las inundaciones.
El alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán ha sido extendido, ofreciendo una oportunidad para la diplomacia, pero las tensiones en el estrecho de Ormuz, uno de los cuellos de botella marítimos más críticos del mundo, persisten. Los informes de buques atacados o incautados tanto por fuerzas iraníes como estadounidenses mantienen la fragilidad de una vía navegable por la que transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo, un tercio del comercio mundial de materias primas para fertilizantes y componentes electrónicos.
Minerales estratégicos en peligro
La crisis ha puesto en riesgo no solo el suministro de petróleo y gas, sino también el de minerales estratégicos. Según Dario Liguti, director de la División de Energía Sostenible de la Comisión Económica de la ONU para Europa (UNECE), antes de la guerra, 140 buques transitaban diariamente por el estrecho, transportando productos como el azufre (del que el 30% de la producción mundial pasaba por allí), el helio y la nafta, subproductos del refinado del petróleo utilizados en una amplia gama de industrias, desde fertilizantes hasta semiconductores.
«Si la situación continúa, la escasez se hará evidente y obligará a las industrias a reducir su producción de tecnologías como paneles solares, imanes o baterías«, que sirven para la fabricación de teléfonos móviles, tabletas o automóviles eléctricos, advirtió Liguti.
El experto señaló que muchos Estados miembros están empezando a acumular reservas estratégicas de estos minerales para evitar futuras interrupciones, y que el impacto ya se siente en los mercados del sur y sudeste de Asia, donde se concentra gran parte del refinado de estos productos. La crisis amenaza también con retrasar la transición energética global hacia fuentes renovables.
El hambre avanza en Asia
Paralelamente, la interrupción del tráfico marítimo está desencadenando una crisis humanitaria y económica de gran escala. El aumento de los precios del petróleo y la reducción del tráfico marítimo están encareciendo el transporte, la electricidad y los insumos agrícolas en las economías dependientes de las importaciones de Asia.
En Bangladés, el cierre de varias fábricas de fertilizantes estatales ha interrumpido la producción nacional durante la temporada de cultivo de arroz de invierno. En Nepal, el precio del diésel se ha disparado. Si la crisis persiste, las estimaciones de la ONU advierten de que 9,1 millones de personas adicionales en Asia podrían enfrentarse a una inseguridad alimentaria aguda. En toda la región, 45,5 millones de personas ya necesitan asistencia humanitaria.
Para las agencias humanitarias, la crisis se traduce en restricciones operativas. En Afganistán, los costes logísticos han aumentado un 20% y la mitad de los productos humanitarios básicos corren riesgo de desabastecimiento. En Myanmar, donde el 90% del combustible es importado, las interrupciones han provocado racionamiento de combustible, complicando la entrega de ayuda en zonas de conflicto y afectadas por el terremoto.
La prórroga del alto el fuego ofrece una oportunidad para aliviar las tensiones, pero la incertidumbre persiste. El riesgo de que un shock temporal se convierta en una crisis humanitaria más profunda y prolongada sigue siendo real.



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