La Perla, una comunidad dispuesta a recuperar el brillo de su nombre Por: Xiomary Urbáez. Periodista-Escritora.
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La Perla, una comunidad dispuesta a recuperar el brillo de su nombre
Por: Xiomary Urbáez. Periodista-Escritora.
Sumario:
La perla -el peligroso barrio situado fuera de las murallas históricas de San Juan, capital de Puerto Rico- va cambiando su mala fama “pasito a pasito, suave suavecito”.
Desde la ventana del avión, Puerto Rico deja ver su atrayente mezcla de paisajes. Las costas bañadas por el azul turquesa del mar Caribe y los tonos verdes de las montañas le han ganado su mote como “la isla del encanto”. En esta visita uno de los pendientes es el barrio La Perla.
Voy preguntando a los locales por el lugar y la respuesta es la misma: “no es recomendable”. Para la mayoría sigue siendo un lugar peligroso a pesar de la buena prensa recibida en los últimos años, gracias a videos de artistas como Luis Fonsi, Daddy Yankee y Residente, de Calle 13, grabados en sus callejuelas. Los temas musicales “Despacito” y “La Perla” son himnos en la atmosfera vibrante del colorido vecindario, donde las casas cuelgan sobre el rocoso litoral. Es una visita obligada para los más osados. Las bien intencionadas advertencias lejos de desanimarme me producen curiosidad. Las opiniones están enfrentadas. Para unos, sigue siendo el arrabal más peligroso del Caribe. Para otros, es un ejemplo de resistencia. Presiento que hay un poco de cada cosa.
Históricamente La Perla ha sido estigmatizada como un sitio para los desposeídos. A finales del siglo XIX, fuera de las murallas del Viejo San Juan, ubican el cementerio y el matadero. Este último atrae a los marginados empleados para tales menesteres. Entre 1870 y 1900, obreros, sirvientes descendientes de esclavos, prostitutas, prófugos de la justicia y todo aquel al que no se le permite vivir dentro de la ciudad amurallada levanta viviendas en La Perla. Desde entonces se ha ganado una peligrosa fama, respaldada por altas cifras de homicidios e informes de la DEA, relacionados con el tráfico de heroína.
Entiendo que la mejor forma de recorrerla es con un guía de la misma comunidad. Hurgando en páginas de servicios, me atrae el nombre de “Pa’l hangueo al atardecer”. Se promociona como gratuito. “Si les gusta pueden considerar una propina”, dice Alex. La cita es al atardecer, en la plaza frente a la iglesia San José, ubicada en la antigua cuadrícula. En el grupo somos cuatro españoles, tres venezolanas y una suiza. Alex, nos pasea por algunas cuadras del viejo San Juan, antes de llegar al destino que nos interesa. Nos explica algunas normas. Hay sitios prohibidos y es mejor solicitar permiso antes de hacer fotos. Entramos por el cementerio Santa María Magdalena de Pazzi y, a través de un túnel, tropezamos con la tierra de parias. El salpicón salado de las olas que revientan contra la barrera de piedras exorciza lo siniestro. Hay murales por doquier. Unos pintorescos carritos ambulantes ofrecen comida. En cada esquina suenan ritmos de salsa o reggaetón. Los últimos reflejos del sol dan paso a las sombras. Alex saluda aquí y allá. “No deseamos seguir estigmatizados”, dice. Algunos bombillos rojos nos mantienen alejados de las veredas. Paramos en un chinchorro (local) para comprar tragos con nombres particulares. El ambiente es festivo, ligero. Terminamos bailando en una terraza, frente al mar, animados por músicos callejeros. “Nos vamos pegando poquito a poquito… cuando tú me besas con esa destreza…”.
Salimos por unas por unas escalinatas que dan justo a las terrazas de moda del Viejo San Juan. El contraste es sorpresivo. Voy contenta. Ha valido la pena. La Perla es sinónimo de lucha, de sobrevivencia. Otras comunidades como la Comuna 13, de Medellín, han logrado cambios exitosos. Estoy convencida que un futuro mejor aguarda a La Perla. Sus habitantes lo merecen.
OJO. Sugerencia de recuadro:





Un poquito de historia:
“Entre 1870 y 1900 obreros, sirvientes descendientes de esclavos, prostitutas, prófugos de la justicia y todo aquel al que no se le permite vivir dentro de la ciudad amurallada, levanta viviendas en La Perla”.



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