Jacob Elordi: Mi personaje busca algún vestigio de humanidad en La guerra de los últimos
NOTI-AMERICA.COM | CHILE
Hig, interpretado por Jacob Elordi, comparte sus días junto a su adorado perro Jasper. Es piloto y vive con el alma atormentada, luego de haber perdido a su esposa. Su existencia transcurre en un mundo cruel, en el que nada es como antes y en el que debe adaptarse a las nuevas condiciones. A pesar de todo, intenta perdonarse y aferrarse a algo -o alguien- para poder avanzar.
El panorama desolador y posapocalíptico enmacarca la trama de La guerra de los últimos, la más reciente película del laureado director Ridley Scott, que puede verse en los cines del país.
“Hig siente en su interior que hay algo más, que el mundo en realidad no se terminó. Busca algún vestigio de la humanidad que conoció antes de que el mundo llegara a su fin”, cuenta Jacob en una entrevista cedida a El Tiempo Colombia.
El director de los clásicos Blade Runner, Alien, Gladiador y La caída del Halcón Negro pone en escena la novela The Dog Stars, escrita por Peter Heller y publicada en 2012.
La historia sigue a Hig, que es uno de los pocos sobrevivientes de un virus que aniquila a la humanidad y que deben enfrentarse a unos carroñeros errantes llamados Segadores. Para poder mantenerse vivo, hace equipo con Bangley (Josh Brolin), un veterano en supervivencia y experto en el manejo de armas, además de ser práctico, sarcástico y realista. El reparto lo completan Margaret Qualley, Guy Pearce y Benedict Wong.
«En La guerra de los últimos encontramos a Hig en una especie de escenario postapocalíptico. El mundo se ha acabado, y él vive de forma bastante tranquila en este aeródromo abandonado junto a Bangley, un ex marine, y básicamente solo están sobreviviendo. Es una vida muy tranquila, doméstica y rutinaria. Y Hig tiene esta sensación de que hay algo más ahí afuera, de que el mundo en realidad no se ha acabado del todo», agrega Elordi, que a los 28 años se ha convertido en un rostro habitual en la pantalla gracias a sus papeles en la reinterpretación de Frankenstein, de Guillermo del Toro, y la serie Euphoria.
—¿Qué lo hizo saltar a bordo de este proyecto en cuanto supo que Ridley Scott estaba detrás?
—Ridley es un pionero del cine, y yo diría que está en la lista de héroes del cine de todo el mundo. Así que en cuanto me mandó el guion, dije: «Sí, trabajaría contigo sin pensarlo dos veces.» Y lo que me atrajo fue enteramente Ridley Scott.
—¿Cómo fue construir esa química con Josh Brolin y verlo transformarse en Bangley?
—Josh es uno de mis héroes fundamentales. Es uno de los grandes actores. Interpreta a Bangley, una especie de cascarrabias: este ex marine bastante huraño y muy directo. De verdad hizo que esta película fuera lo que fue para mí, la experiencia. Estuve rodando en Italia, en los Dolomitas, sentado en un hangar de aviones, simplemente charlando con él, escuchando sus historias. Es un narrador increíble, y su experiencia de vida es, ya sabes, muy singular. Estoy muy, muy agradecido de haber podido trabajar con Josh.
—En esta película hay muy poco CGI: al contrario, hay paisajes reales, montañas reales, un avión de verdad en el aire. ¿Qué cambia para como actor cuando la producción apuesta a hacer todo en el set?
—Algo que fue realmente especial, creo, fue la manera en que Ridley filmó el paisaje y la naturaleza, y sobre todo cuando el avión está volando: todo eso es real. Había un helicóptero detrás del avión que capturaba todas esas tomas. No hay mucho CGI en esas escenas. Y creo que ver esta cámara gigante montada en un helicóptero, moviéndose alrededor del Cessna, fue impresionante. Y creo que rodar de forma práctica es lo más importante que se puede hacer. Como actor, todo se vuelve mucho más fácil cuando estás mirando a tu alrededor y de verdad te sientes envuelto por estas montañas gigantes, y puedes sentir el clima y la sequedad del calor o del frío. Eso hace que la experiencia sea mucho más tangible, y creo que nos ayuda a todos cuando trabajamos. Pero también ayuda a que el público crea más en la película cuando la ve en el cine, cuando se nota que la montaña es real. Eso marca una diferencia enorme.



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