NO QUIERO SER UNA MUJER EXTRAORDINARIA; QUIERO UNA VIDA EXTRAORDINARIA PARA MÍ Por: Dra. Abg. ESTEFANY VASQUEZ ROJAS
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NO QUIERO SER UNA MUJER EXTRAORDINARIA; QUIERO UNA VIDA EXTRAORDINARIA PARA MÍ
Por: Dra. Abg. ESTEFANY VASQUEZ ROJAS
El despertador suena antes de que amanezca e incluso antes de que los pies toquen el suelo; la mente ya está corriendo una maratón. Revisamos la agenda, las metas que debemos alcanzar y los papeles que tenemos que desempeñar a la perfección antes de que finalice el día.
A las mujeres se nos otorgó un papel firme; para ser apreciadas, necesitamos ser incansables. La sociedad nos ha llevado a buscar la aprobación a través del sacrificio. Hemos malinterpretado el estar agotadas como un signo de relevancia. Si no estamos generando o mejorando la vida de otras personas mientras mostramos una expresión de alegría, creemos que hemos fracasado.
Nos instruyeron a venerar a la «Mujer Maravilla», esa entidad legendaria que puede hacerlo todo, sin considerar el costo físico y emocional que enfrenta en la soledad de sus noches. Hemos aceptado la ansiedad como un estado habitual. Nos preocupa que, si tomamos un respiro, el mundo piense que hemos dejado de ser relevantes.
A lo largo de la historia, el valor asignado a la mujer dependía en gran medida de su capacidad para servir a los demás. Crecimos condicionadas por el modelo de la mujer sacrificada que se apagaba como una vela para iluminar a quienes la rodeaban. Cuando los movimientos feministas nos brindaron oportunidades en el ámbito público y laboral, nos hicieron la promesa de que podríamos “poseerlo todo”. No obstante, esa expectativa se transformó en una trampa dorada; “poseerlo todo” se convirtió en “hacerlo todo”.
Pasamos de recibir atención sin costo a tener que cumplir con un trabajo muy demandante y luego regresar para comenzar otro turno en el hogar. Ser una mujer «notable» en la actualidad implica ser una base sólida; y el problema de ser una base es que sostiene grandes estructuras a expensas de permanecer estática. Se reconoce nuestra capacidad de resistencia cuando, en verdad, muchas veces esa resistencia no es más que el instinto de sobrevivir frente a un nivel de presión inhumano.
Nos han convencido de que la grandeza se mide por nuestra resistencia. Sin embargo, no tiene mayor relevancia acumular aplausos de un público que no está presente. La aprobación ajena pocas veces llena el vacío dentro de una mujer que se dedica a satisfacer los deseos de todos menos los suyos.
Cualquier sistema que exceda sus capacidades eventualmente se desmorona. Esto no refleja un defecto de personalidad. Es la reacción más sensata de nuestro cuerpo frente a un ambiente caótico. Es el organismo comunicando; «Si tú no paras, yo lo haré». De la desesperación resulta la auténtica resistencia. Comprendemos que no habrá un salvador que nos rescate; somos solo nosotras las que cuidamos de nuestra energía.
Reformular nuestra existencia significa cambiar la regla del «tiene que ser» por la del «deseo ser». Comenzamos a evaluar el éxito no según los objetivos cumplidos en un listado, sino por el nivel de serenidad que sentimos. La verdadera rebelión se encuentra en aceptar lo habitual; una vida excepcional no es aquella que te agota, sino la que te proporciona tranquilidad.
Optar por este camino tiene un precio, que se traduce en desilusionar a los demás. Los que se irritan cuando estableces un límite son los mismos que se beneficiaban de tu falta de límites. Aquí es donde entra en juego la auténtica perseverancia contemporánea. Ya no se trata de aguantar el dolor, sino de ser firmes en la defensa de nuestro bienestar. Perseverar es aprender a emplear la palabra «No» como una oración completa, sin remordimientos ni explicaciones innecesarias. Mantener la mirada cuando el entorno presiona y exige que volvamos a ser la heroína fatigada.
Al renunciar a ser excepcionales para el sistema, se nos presenta la oportunidad de vivir una vida auténtica. La mujer que realmente está empoderada no es aquella que produce más, sino la que tiene el control total de su tiempo. El acto de amor propio más profundo es liberarnos del mandato de hiperproductividad. Liberamos a la heroína cansada; el mundo no requiere más mártires, sino mujeres felices, plenas y vivas.
Para esta semana deseo que en cada amanecer tu primer pensamiento se encuentre enfocado a; «No estar dispuesta a ser una mujer extraordinaria según la opinión del mundo. A que rechaces la idea de que te recuerden por todo lo que aguantaste; quiero que tu alma celebre la libertad de vivir».



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