El periodismo, ese antiguo pacto entre la palabra y la verdad CNP entregó los Premios Regionales de Periodismo 2026

 

NOTI-AMERICA.COM / VENEZUELA

Con el auxilio de esa definición abrió su discurso el reconocido periodista barquisimetano Alfredo Álvarez, orador central en la entrega de los Premios Regionales de Periodismo, un acto organizado por la directiva seccional del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) bajo la conducción de la licenciada Lesbia Aguilera. La ceremonia, celebrada en Barquisimeto el sábado 15 de los corrientes, reunió a comunicadores de Lara y también del estado Portuguesa, cuyos reporteros fueron invitados a concursar y resultaron igualmente galardonados. La actividad contó con el respaldo institucional de la Cámara de Comercio del estado Lara, los gremios locales y las llamadas «fuerzas vivas» de la ciudad, que se sumaron a la noble causa de reconocer el oficio periodístico.

Emotiva actividad que fue concebida para celebrar a los jóvenes reporteros que apenas comienzan a «escribir su nombre en la historia», la ceremonia tuvo en las palabras de Álvarez un eje reflexivo que trascendió el protocolo. El orador situó el origen del periodismo en un gesto casi fundacional, y recordó que «al principio era el Verbo» y que, así como esa palabra fundó la creación, «la palabra pública funda la vida democrática». De ahí se desprendió su advertencia más contundente: «donde se silencia a los periodistas, el país vuelve a la oscuridad primordial.»

Apoyado en autores como Stephen Coleman y en Bill Kovach y Tom Rosenstiel, de quienes citó que «las noticias satisfacen un impulso básico; conocer lo que no podemos ver directamente nos proporciona seguridad, poder y confianza», Álvarez trazó una línea que va de las Actas Diurnas del Imperio romano hasta los actuales sistemas de inteligencia artificial, para subrayar que la tecnología cambia, pero la función social de informar permanece intacta.

El discurso no eludió la crudeza del presente venezolano. Álvarez describió la expansión de los «desiertos informativos» -15 millones de ciudadanos que hoy viven en zonas sin un solo medio operativo, según organizaciones de monitoreo- y contabilizó más de 200 medios desaparecidos en la última década, a lo que sumó la judicialización creciente del ejercicio periodístico. Procesos penales, citaciones intimidatorias, confiscación de equipos y amenazas veladas. Tuvo también un pasaje de duelo: un recuerdo para los colegas que perdieron la vida durante la tragedia sísmica del 24 de julio de 2026 mientras cumplían su labor informativa, cuya memoria, dijo, «nos obliga a honrar el oficio con más rigor, más humanidad y más coraje».

Sobre la desinformación, citó a la Cruz Roja Internacional para advertir que se trata de «un daño que puede ser tan letal como un desastre natural», capaz de erosionar la confianza pública y fracturar la convivencia en tiempos de crisis. Frente a las cámaras de eco y la lógica algorítmica que confunde viralidad con veracidad, advirtió: «ya no dialogamos, monologamos en coro.»

El diagnóstico de Álvarez apuntó, en el fondo, a una precarización estructural de la comunicación pública venezolana. No se trata solo de la desaparición física de medios —los más de 200 periódicos, radios y televisoras que él mismo contabilizó—, sino de la fragilidad que queda cuando ese vacío se llena con canales informales: cadenas de WhatsApp, rumores, transmisiones improvisadas. A esa precariedad estructural se suma la precariedad del ejercicio profesional: reporteros que trabajan bajo amenaza de procesos penales, citaciones intimidatorias y confiscación de equipos, en un clima que, advirtió, «busca disciplinar la palabra y convertir la información en un territorio vigilado». El resultado, según su lectura, es un ecosistema debilitado tanto en su base material como en su libertad de acción, donde informar se ha convertido en un oficio de riesgo.

Esa precarización, sostuvo el orador, no es solo un problema gremial: es una amenaza directa a la democracia formal. Álvarez fue categórico al afirmar que «información y democracia son dos instancias inseparables» y que, sin la palabra libre, «la democracia pierde su respiración, la ciudadanía se desorienta y la vida pública se vuelve un territorio sin amanecer». En su lectura, los desiertos informativos no solo dejan a millones de venezolanos sin acceso a noticias verificadas: erosionan la capacidad de las instituciones para rendir cuentas y la de la ciudadanía para ejercer control sobre el poder, dos condiciones básicas de cualquier democracia formal. El cuadro que dibujó, en suma, fue el de una democracia que no colapsa de golpe, sino que se apaga poco a poco, región por región, medio por medio

    El cierre estuvo dirigido a los jóvenes premiados. Álvarez definió el periodismo como «un acto incómodo» por naturaleza —»incómodo porque es honesto. Es incómodo porque es libre. Es incómodo porque es necesario»— y pidió asumir esa incomodidad como una forma de dignidad profesional, no como sacrificio sino como misión. «Que este reconocimiento no sea solo un premio, sino un pacto», dijo, «el pacto de incomodar cuando sea necesario, de preguntar cuando sea urgente, de narrar cuando sea indispensable». Cerró con una frase que resumió el espíritu del acto: «allí donde un periodista insiste, la democracia respira.»

Fotos:Héctor Andrés Segura Fotoperiodismo
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Hector Andres Segura

Héctor Andrés Segura @segurita05 CRGV/1134. FIP/VE575. SNTP/5003 Secretario General @crgv_lara_oficial Reportero Gráfico CRGV-LARA Fotoperiodismo Récit dé vie, relato o retrato de vida IKIGAI @segurita05 ヘクトル・アンドレス・セグラHekutoru Ando resu segura"

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