Carmen Navas: el rostro de las madres venezolanas que no dejan de exigir la verdad. Por: Emilin Piña Mogollon

NOTI-AMERICA.COM | FLORIDA

Carmen Navas: el rostro de las madres venezolanas que no dejan de exigir la verdad.

 

El Día de la Madre se construye, por lo general, con imágenes felices: abrazos, mesas compartidas, llamadas que llegan a tiempo. Pero existe otra maternidad que en pocas ocasiones ocupa los espacios públicos: la de las mujeres que buscan a sus hijos desaparecidos, de quienes recibieron un cuerpo sin opción a saber la verdad, de quienes aún esperan justicia frente a un Estado que convirtió el silencio como método de tortura al ciudadano. Esto es lo que está sucediendo en Venezuela, ya que ser madre de una víctima de persecución, desaparición o muerte bajo custodia estatal, es como entrar en una dimensión diferente del dolor. No es únicamente la pérdida. Es la incertidumbre prolongada, la manipulación institucional, el desgaste emocional, físico y económico, sumado a la violencia psicológica de enfrentarse a estructuras diseñadas para negar responsabilidades.

Hay nombres que el país no debería permitirse olvidar: Yenny Barrios, Víctor Quero, Fernando Albán, Franklin Brito, Juan Pablo Pernalete, Neomar Lander, Óscar Pérez y tantos otros venezolanos cuya historia quedó atrapada entre expedientes inconclusos, versiones oficiales contradictorias y el miedo colectivo. Pero detrás de cada nombre existe una madre que también fue alcanzada por la violencia.

Como abogada, comprendo que la desaparición forzada, la tortura, las ejecuciones extrajudiciales y las muertes bajo custodia del estado no son errores administrativos ni excesos aislados. Son violaciones graves de derechos humanos que dejan secuelas jurídicas y sociales profundas. El daño no termina con la víctima directa; se extiende a toda la familia y especialmente a las madres, quienes muchas veces terminan convirtiéndose en investigadoras, voceras, defensoras y sostén emocional de hogares fracturados. Pero, como mujer que cree en la transformación humana, también entiendo que el impacto de estos hechos deja secuelas en la propia identidad. Una madre que pierde a su hijo en condiciones de violencia institucional no vuelve a ver el mundo igual. Se rompe la confianza, se altera la percepción de seguridad y aparece una sensación de que la verdad tiene que pelearse demasiado para poder salir a la luz.

A la muestra de lo anteriormente planteado, podemos encontrar el caso de la Sra. Carmen Navas, madre de Víctor Quero, quien busco a su hijo por mas de un ano en varios centros de detención. El ocultamiento de información, obstrucción judicial y destrucción de pruebas fueron las herramientas usadas por el estado para denegarle la verdad de lo que había pasado con su hijo, dejando en evidencia en todo este proceso de manipulación institucional, la verdadera cara del gobierno de facto de Delcy Rodríguez.

Sin embargo, algo poderoso ocurre en muchas de estas mujeres, algunas aprendieron a levantar la voz cuando todo alrededor les obligaba a callar. Otras transformaron el duelo en memoria activa. Y muchas, aun destruidas por dentro, sostuvieron su dignidad que ningún abuso logró quitarles, desarrollando la valentía incómoda de seguir viviendo cuando la justicia no llega.

Es importante entender que el poder autoritario suele apostar al desgaste emocional de las víctimas. Espera cansancio, resignación, espera que el tiempo se encargue de desaparecer los nombres. Sin embargo, las madres tienen una capacidad histórica de romper esa lógica, porque mientras una madre recuerde, la verdad seguirá respirando.

Este Día de la Madre no debería limitarse a celebrar la maternidad desde la idealización. También debe invitarnos a reflexionar sobre la responsabilidad ética de una nación frente a quienes han sufrido la pérdida más devastadora en contextos de abuso institucional. Una democracia no se mide únicamente por sus leyes escritas, sino por la manera en que protege la vida, responde ante las violaciones y honra la dignidad humana.

Les envió un mensaje a las madres de los desaparecidos, de los perseguidos, de los asesinados y de quienes murieron esperando justicia: ustedes representan una reserva moral que Venezuela no puede perder. Y aunque les arrebataron demasiado, todavía conservan algo que ningún sistema puede destruir completamente: la verdad de lo vivido.

Sus hijos merecen ser recordados con la dignidad que jamás debieron perder, porque la historia siempre terminara inclinándose ante quienes tuvieron el coraje de no callar.

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