En Venezuela: la desesperación de una madre es el grito de una nación. Por: Emilin Piña

NOTI-AMERICA.COM | FLORIDA

En Venezuela: la desesperación de una madre es el grito de una nación.

 

En Venezuela, hay un dolor que no duerme. Un dolor que se sienta en el pavimento, que espera de pie frente a rejas y portones, que resiste el sol, la lluvia y el desprecio institucional. Es el dolor de las madres, hermanas y abuelas que hoy hacen vigilia por sus familiares presos políticos, exigiendo lo más elemental: libertad plena y justicia.

Escribo estas líneas como madre, como abogada y como defensora de los derechos humanos. Pero, sobre todo, escribo como mujer que no puede aceptar que el sufrimiento materno se haya convertido en parte del paisaje cotidiano de un país. En Venezuela la maternidad ha sido castigada. Ser madre de un preso político implica vivir una condena paralela: sin juicio, sin sentencia y sin fecha de finalización; sin dejar a un lado las desapariciones forzadas, que arroja un numero significativo de personas detenidas por los agentes del régimen, pero sin huella de su paradero.

Las vigilias que hoy vemos no son actos simbólicos ni protestas ocasionales. Son la expresión más extrema de una desesperación sostenida en el tiempo. Son mujeres que han agotado todas las vías legales, que han tocado puertas que nunca se abrieron, que han esperado respuestas que jamás llegaron. Frente a un sistema de justicia que dejó de ser independiente, la calle se convirtió en el último tribunal posible. Estas mujeres no piden privilegios, no piden favores, exigen derechos. Exigen el debido proceso que les fue negado a sus hijos, esposos, hermanos y familiares en general. Exigen saber dónde están, en qué condiciones se encuentran, por qué siguen presos, exigen que la justicia deje de ser un instrumento de castigo político y vuelva a ser un pilar de la democracia.

Algunas madres han llevado esta lucha hasta el límite de su propio cuerpo. Las huelgas de hambre y las vigilias prolongadas no son gestos heroicos buscados, sino decisiones desesperadas tomadas cuando el Estado se vuelve sordo. Que madres hayan enfermado gravemente e incluso fallecido tras años de angustia y sufrimiento no es una tragedia inevitable: es una responsabilidad política y moral del régimen que permitió que esto ocurriera, con pleno conocimiento.

El chavismo, como modelo de poder, es hoy la principal causa del sufrimiento de estas mujeres. No por error aislado, sino por un sistema que normalizó la persecución, la detención arbitraria, el retardo procesal y la criminalización de la disidencia. Un sistema que convirtió a las madres en mendigas de justicia y a los tribunales en oficinas de silencio. Las excarcelaciones parciales, condicionadas o revocables no resuelven este drama. La libertad a medias no es libertad. Mantener a personas bajo amenaza judicial permanente es prolongar el castigo y extender el miedo a toda la familia. Las madres lo saben, por eso su exigencia es clara y firme: libertad plena para todos los presos políticos en Venezuela.

Hoy quiero rendir un reconocimiento profundo y respetuoso a esas mujeres que sostienen esta lucha con dignidad; madres que no abandonan a sus hijos, hermanas que no se cansan de denunciar, abuelas que desafían la edad y el cansancio para hacerse presentes. Ellas son la reserva moral de una nación herida. Son la prueba viva de que el amor puede convertirse en resistencia y la ternura en denuncia.

Desde la Fundación Mujer, Tu Voz Tiene Poder, afirmamos que no hay empoderamiento posible sin justicia, ni democracia posible mientras una sola madre tenga que dormir frente a una cárcel esperando la libertad de su hijo o hija que busca rescatar la democracia. Callar ante esto también es una forma de violencia. A la sociedad venezolana, a los medios, a la comunidad internacional y a cada conciencia sensible, hago un llamado urgente: no normalicemos este dolor. No permitamos que estas vigilias se vuelvan invisibles, no podemos aceptare que el sufrimiento materno sea el precio de la política.

Y a Delcy Rodríguez le digo con claridad jurídica y humana:

¡Libertad plena, inmediata y sin condiciones para todos los presos políticos!

También te podría gustar...