Un chileno olvidado en las mazmorras del madurismo Por: Braulio Jatar Alonso
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Un chileno olvidado en las mazmorras del madurismo
Por Braulio Jatar Alonso
Columna de opinión – NotiAmérica
Hay silencios que gritan. Y hay olvidos que avergüenzan. El caso de Ovidio Carrasco es ambos.
Desde el 30 de enero de 2019, Ovidio Carrasco —teniente coronel, chileno-venezolano, hijo de chileno de varias generaciones— permanece privado de libertad en Venezuela. Este mes se cumplen siete años de prisión política. Siete años sin juicio justo, sin debido proceso, con denuncias consistentes de torturas y tratos crueles. Siete años de abandono institucional. Siete años de una pregunta incómoda: ¿por qué Chile ha mirado hacia otro lado?
Conversé recientemente con su hija, Nicole Carrasco. Su testimonio es devastador y, al mismo tiempo, tristemente familiar para quienes conocemos el funcionamiento del aparato represivo venezolano. Ovidio fue detenido en su propio hogar por agentes vestidos de negro. A la familia se le dijo que se trataba de “un trabajo”, una excusa habitual para ganar tiempo y desactivar el pánico. Horas después, la verdad: lo acusaban de participar en un supuesto atentado contra Nicolás Maduro.
Durante días estuvo desaparecido. Cuando finalmente pudo llamar, fue desde un hospital. Tenía lesiones visibles: muñecas marcadas y infectadas por esposas mantenidas durante días, golpes, signos claros de maltrato. Fue dejado en un lugar oscuro, pateado, sometido a métodos de tortura que quienes hemos sido presos políticos reconocemos de inmediato. No es un relato aislado: es un patrón.
Lo que hace este caso particularmente grave no es solo la condición de preso político, sino su nacionalidad chilena. Ovidio Carrasco tiene partida de nacimiento chilena por derecho de sangre. Su padre —chileno “pura cepa”, nacido en Valparaíso, criado en Playa Ancha— fue militar y emigró a Venezuela durante la dictadura, por temor a represalias. Allí formó familia. Allí nació Ovidio. Allí hoy se consuma esta injusticia.
Su esposa tiene estatus migratorio derivado de estar casada con un chileno. Su hija, Nicole, es chilena. Sin embargo, ni el Parlamento, ni la Cancillería, ni los grandes medios han levantado una campaña sostenida por su libertad. El consulado chileno, según relata la familia, respondió una y otra vez: “No podemos hacer nada porque está detenido en Venezuela”. Una frase burocrática que, en la práctica, equivale a la renuncia a la protección consular.
Conozco esa respuesta. También fui chileno-venezolano preso político. También sufrí el abandono del Estado chileno. La diferencia es que, en mi caso, hubo presión mediática y política que terminó abriendo caminos. En el caso de Ovidio, no.
¿Por qué? La pregunta es incómoda, pero legítima. ¿Influye que sea militar? ¿Influye que no haya nacido en territorio chileno, aun siendo chileno por sangre? ¿Influye el color de piel, el origen caribeño, la ausencia de padrinos políticos? No afirmo nada. Pero el silencio obliga a sospechar.
Hoy, cuando en Venezuela se anuncian liberaciones selectivas, este es el momento de actuar. Ovidio Carrasco debe venir a Chile. Debe recibir protección, atención médica, justicia. No es un favor: es un deber del Estado con uno de los suyos.
Este no es solo el clamor de una hija. Es una prueba moral para Chile. Y el tiempo corre. Siete años ya son demasiados.



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