Algo no cuadra en la economía de Argentina: el peso se hace fuerte al mismo tiempo que la inflación sube un 21% en lo que va de año
NOTI-AMERICA.COM | ARGENTINA
Sin restarle mérito al lavado de cara que presenta la economía de Argentina en términos financieros y fiscales, lo cierto es que parte de estas políticas que tienen entre sus grandes objetivos ‘derrotar’ a la inflación se están viendo algunas consecuencias graves para la economía. Analizando los datos se puede ver que hay algo que no cuadra. Mientras que la inflación acumulada en 2026 es del 21% (un dato todavía muy elevado), el peso apenas se ha depreciado contra el dólar. Lo normal en economías que registran tasas de inflación elevadas es que su moneda se depreciacie casi al mismo ritmo que sube la inflación. Al menos esto es lo que dice la teoría de paridad de poder adquisitivo que lleva años analizando los movimientos de los tipos de cambio y su relación con la inflación. En Argentina es tal la batalla contra los precios que están llevando a que el peso presente una fortaleza ‘ariticial’ que ya se deja notar en la economía. De hecho, los datos del segundo trimestre de 2026 revelan que la economía se contrajo un 0,6% respecto al trimestre anterior (aunque creció un 2% en términos interanuales). La fortaleza del peso está matando a una parte del tejido productivo argentino.
Los esfuerzos del presidente Javier Milei por controlar la inflación con una moneda fuerte están afectando cada vez más a la economía argentina, señalan desde la prestigiosa agencia financiera Bloomberg.
El peso se ha debilitado apenas un 3,7% frente al dólar, mientras que los precios al consumidor han aumentado un 21,3% en lo que va del año hasta agosto. Esta apreciación real se ha mantenido cada vez más en las últimas semanas gracias a la intervención oficial en los mercados de bonos y futuros, mientras que los controles cambiarios a las empresas siguen vigentes. La ecuación es sencilla. Si tus bienes y servicios producidos en Argentina suben de precio un 21,3%, mientras que el peso solo cae un 3,7%, toda esa diferencia es un encarecimiento directo que tienen que afrontar los importadores, lo que puede reducir su demanda en el exterior y lastrar esos sectores, generando una economía a dos velocidades, que es lo que está sucediendo. Por un lado los sectores líderes y más competitivos como son el petróleo, el gas, la minería y la agricultura… por otro el resto.
La agencia de estadística Indec ha publicado las cifras del producto interno bruto del segundo trimestre el jueves por la tarde con una contracción del 0,6% respecto al trimestre anterior (tes décimas menos de lo pronosticado por los expertos). Para muchos, la política monetaria de Milei es uno de los factores clave que obstaculizan el crecimiento de Argentina.
«A estas alturas, es bien sabido que la actividad económica no primaria de Argentina está teniendo un desempeño deficiente, lo que plantea riesgos para la continuidad de las políticas», comenta el analista de Barclays, Ivan Stambulsky, en un informe para inversionistas la semana pasada. «En nuestra opinión, la principal explicación es simplemente que el tipo de cambio real efectivo es demasiado fuerte para la actual combinación de políticas».
Las compras del banco central en el mercado oficial de divisas registraron el ritmo más débil del año. El líder libertario ha frenado el aumento de precios durante gran parte de su presidencia, en parte gracias a un control estricto del peso, lo que ha provocado su apreciación al ajustarlo por la inflación.
En el primer semestre del año, la cosecha de soja generó un flujo de dólares en medio de una fuerte emisión de deuda externa por parte de empresas argentinas, lo que proporcionó abundantes divisas y ayudó al banco central a reconstruir sus reservas sin ejercer mucha presión sobre el peso.
Este panorama comenzó a cambiar en el segundo semestre del año. La entrada de dólares provenientes de las exportaciones agrícolas se ralentizó tras alcanzar su punto máximo la cosecha, mientras que los ingresos por préstamos corporativos también disminuyeron. Ante la escasez de dólares, el banco central recurrió cada vez más a la venta de valores y contratos de futuros vinculados al tipo de cambio para satisfacer la demanda de cobertura y aliviar la presión sobre el peso, al tiempo que intentaba acumular reservas.
Coberturas para proteger al peso
Como resultado, el volumen de coberturas vinculadas al tipo de cambio se duplicó con creces en tan solo cinco meses, según estimaciones de la correduría local Facimex. En total, las tenencias del sector privado de contratos de futuros, bonos duales y valores vinculados al dólar aumentaron a alrededor de 12.000 millones de dólares a finales de agosto, desde los 5.200 millones de dólares a finales de marzo.
«Existe un alto grado de intervención del BCRA», afirma Stambulsky, refiriéndose al banco central por sus siglas en español. A medida que el mercado comenzó a deshacer las operaciones de carry trade tras la cosecha máxima, la autoridad monetaria «intensificó su intervención mediante la venta de coberturas, redujo el ritmo de las compras al contado y permitió que los tipos subieran».
Agosto, septiembre y octubre suelen ser los meses en que el banco central vende dólares directamente en el mercado al contado. Sin embargo, este año el gobierno cambió su estrategia vendiendo instrumentos vinculados al dólar fuera de este mercado.
Esta estrategia ha contribuido a mantener el tipo de cambio cerca de 1.500 pesos por dólar, mucho más fuerte de lo que los economistas habían previsto. Hace un año, los analistas encuestados por el banco central esperaban que el peso se debilitara hasta 1.811 por dólar para diciembre de 2026. El mes pasado, revisaron esa previsión a 1.629.
Ahora se prevé que la moneda terminará el año cerca de 1.630 por dólar. En una economía ya lastrada por altos impuestos y elevados costes (herencia recibida que Milei intenta deshacer poco a poco), un peso apreciado reduce la competitividad de los productores nacionales y abarata las importaciones, lo que perjudica a la industria local.
Esta dinámica está afectando a una economía que ya está perdiendo impulso. Los economistas han recortado su previsión de crecimiento para todo el año 2026 del 3,5% al 2,1% hace varios meses. Los datos de crecimiento trimestral publicados hace unas horas lo revelan.
La inflación se modera a costa de la economía
Las políticas de Milei han frenado drásticamente la inflación mensual, del 25,5% en su primer mes de mandato al 1,7% en agosto. Sin embargo, el progreso se ha vuelto más difícil desde el estallido de la guerra con Irán. La inflación, que Milei esperaba que ya hubiera caído por debajo del 1%, se ha mantenido obstinadamente cerca del 2%.
«Lo que el gobierno quiere, y rápido, es que la inflación se desacelere», señala Osvaldo Giordano, presidente de Ieral, un centro de estudios económicos de la Fundación Mediterránea. El peso fuerte refleja tanto la determinación del gobierno de lograr ese objetivo como la expectativa del mercado de que cuenta con las herramientas para seguir haciéndolo, añadió.
El «crecimiento sin empleo» es el mayor riesgo político de Milei en Argentina. La maquinaria de redes sociales de Milei comienza a fallar en Argentina. Las mismas políticas que respaldan la moneda están ejerciendo presión en otros sectores. Las tasas de interés más altas están afectando el crédito, que se había convertido en un motor importante de la recuperación después de años de alta inflación que prácticamente excluyeron a hogares y empresas del financiamiento. Sin embargo, desde las elecciones de medio término en octubre pasado, los impagos de los hogares han batido récords mes tras mes.
La industria, el comercio minorista y la construcción (sectores intensivos en mano de obra que emplean a un gran número de argentinos) se han quedado rezagados con respecto al crecimiento de áreas como la energía, la minería y la agricultura. La construcción se contrajo un 4,5% interanual en agosto, mientras que la manufactura se contrajo un 4,9%.
Esto plantea un creciente dilema político para Milei, quien se prepara para buscar la reelección el próximo año. «Quizás sería menos arriesgado preocuparse menos por la rapidez con que baje la inflación y, en cambio, brindar cierto alivio a sectores urbanos como la industria, el comercio y la construcción», dijo Giordano. «Esos son los sectores de los que depende la mayoría de los argentinos para vivir, y también son donde los datos muestran la mayor destrucción de actividad económica y empleos».



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