Lo que no se ve cuando se enciende la cámara Por Cecilia Alvarez

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Lo que no se ve cuando se enciende la cámara

  • Por Cecilia Alvarez

Melisa Zurita construyó una carrera entre Argentina y Estados Unidos, atravesando coberturas extremas, televisión y escenarios internacionales. Pero algunas de las historias que mejor explican quién es sucedieron cuando ya no estaba al aire.

 

Melisa Zurita en plena cobertura periodística. Detrás de cada salida al aire hay producción, decisiones y una historia que el público no siempre ve.

Hay momentos de una carrera que difícilmente entren en un currículum.

Después de cubrir un huracán en Estados Unidos, Melisa Zurita quedó prácticamente varada. Había viajado sola para trabajar y, cuando la cobertura terminó, descubrió que regresar era casi otra cobertura en sí misma: los vuelos estaban cancelados, no había combustible ni electricidad, gran parte de la población había sido evacuada y, después de varios días, casi no tenía qué comer ni dónde dormir.

En una estación de servicio, desbordada por la situación, se puso a llorar. Un hombre que la vio se acercó y le ofreció compartir las latas de tomate y atún que llevaba en su camión. Esa fue su comida. Como tampoco había hoteles disponibles, le permitió descansar unas horas en el asiento trasero. A la mañana siguiente, Melisa empezó a hacer dedo para intentar llegar al aeropuerto.

La historia podría pertenecer a una película. Pero sucedió detrás de una cobertura periodística.

Y quizás allí esté una de las partes menos conocidas de esta profesión: nosotros vemos unos minutos frente a cámara; detrás pueden existir horas —o días— de decisiones, incertidumbre, producción, cansancio y problemas que deben resolverse mientras la noticia continúa sucediendo.

Cuando me contó esa experiencia, pensé en la distancia enorme que puede existir entre una imagen televisiva de pocos minutos y todo lo que tuvo que suceder para que esa imagen llegara a nuestras casas. La periodista que vemos segura frente a cámara puede haber estado, segundos antes, sosteniendo un trípode, buscando una fuente, resolviendo una conexión o intentando encontrar dónde dormir.

En el caso de Melisa, esa parte invisible del oficio fue también la que terminó definiendo su manera de trabajar: estar donde sucede la noticia, preguntar, investigar y buscar algo diferente sin perder la sensibilidad frente a las personas que están atravesando esa realidad.

Construir un lugar propio

Durante años fue sumando experiencias en Argentina, pero fueron las coberturas fuera del país las que terminaron de mostrarle cuál era su sello. Muchas veces trabajó prácticamente sola y tuvo que asumir varios roles a la vez: periodista, productora y también resolver la parte técnica. Esa exigencia, lejos de ser un detalle, fue construyendo independencia y seguridad.

Con el tiempo entendió que su identidad profesional estaba justamente en esa combinación que no siempre se ve desde afuera: rigor para informar, cercanía para escuchar y determinación para llegar al lugar de los hechos aun cuando las condiciones fueran difíciles.

Melisa desarrolló buena parte de su carrera en Argentina, pero hubo un momento en el que comprendió que su identidad profesional no dependía solamente del espacio que alguien estuviera dispuesto a darle.

“Creo que mi identidad como comunicadora comenzó a consolidarse cuando entendí que no necesitaba esperar a que alguien me diera un lugar: podía construirlo con trabajo, curiosidad y una manera propia de contar”, me explicó Melisa. Una definición que resume bastante bien el hilo de toda su carrera.

Ese lugar empezó a definirse especialmente a través de las coberturas. La erupción del volcán de La Palma, en España, marcó para ella un antes y un después. No solamente por la dimensión de la noticia, sino por la intensidad profesional y humana de estar frente a una emergencia que cambiaba minuto a minuto.

Detrás de las imágenes del volcán había familias que habían perdido sus casas, sus recuerdos y la vida que conocían. Para Melisa, el desafío no consistía únicamente en explicar qué estaba ocurriendo: tenía que transmitir la magnitud de la emergencia sin convertir a esas personas en parte del paisaje de una noticia espectacular.

“Mi desafío fue transmitir la magnitud de lo que ocurría sin perder de vista esas historias humanas”, recuerda sobre La Palma. En una cobertura dominada por imágenes impactantes, su preocupación seguía puesta en las personas que estaban atravesando esa realidad.

Era necesario contar la magnitud de lo que estaba ocurriendo sin olvidarse de las personas.

Esa experiencia le confirmó que podía desenvolverse en escenarios internacionales complejos y tomar decisiones bajo presión. Después vendrían los huracanes en Florida y otras coberturas que continuarían poniendo a prueba esa capacidad.

En La Palma hubo momentos en los que Melisa estaba sola, intentando transmitir mientras el trípode se volaba y una luz se apagaba. Tenía que resolver la parte técnica, producir, investigar y, segundos después, pararse frente a cámara y contar lo que estaba sucediendo. Del otro lado de la pantalla, probablemente nada de eso se notaba.

La experiencia le confirmó que podía tomar decisiones bajo presión y sostener la responsabilidad de comunicar en vivo cuando todo cambiaba constantemente. Después llegaron las coberturas de huracanes en Florida, que profundizaron ese aprendizaje. Pero La Palma fue el punto de inflexión que amplió su horizonte profesional y la hizo sentirse preparada para desafíos cada vez mayores.

También terminó de enseñarle algo menos visible: una cobertura importante no empieza cuando se prende la cámara. Cuando la noticia es urgente, Melisa llega, observa, pregunta, busca testigos, consulta fuentes y verifica datos. Cuando dispone de más tiempo, estudia antecedentes y prepara la entrevista en profundidad. En los dos casos, dice, la guía la curiosidad y la necesidad de ir más allá de lo evidente.

Melisa Zurita durante la cobertura de la erupción del volcán de La Palma, en España, una experiencia que marcó un antes y un después en su carrera.

Empezar nuevamente sin empezar de cero

Mudarse a Estados Unidos significó abrir otro capítulo profesional. Era un deseo que tenía desde hacía años: vivir en el exterior y comprobar hasta dónde podía llevar su carrera en otro mercado. Pero empezar en otro país no significó borrar lo anterior. Melisa llegó con experiencia, oficio e identidad profesional; lo que todavía no tenía era una nueva red de confianza.

“Más que demostrar quién había sido en Argentina, necesitaba permitir que nuevas personas conocieran quién era profesionalmente”, cuenta. Su trayectoria anterior era la base; el desafío era construir una nueva red de confianza y adaptarse a otras dinámicas de trabajo.

Dos periodistas la ayudaron inicialmente a comprender el nuevo mercado y compartieron contactos. Después ocurrió algo que parece sencillo, pero pocas veces lo es: una oportunidad llevó a la siguiente. Trabajar bien. Cumplir. Cuidar los detalles. Volver a ser convocada.

Ella no lo describe como la necesidad de “demostrar” quién había sido en Argentina. El desafío era otro: aprender cómo funcionaba el medio en un país nuevo y permitir que nuevas personas conocieran quién era profesionalmente. Dos periodistas la recibieron, la orientaron y compartieron contactos. Después, una oportunidad fue llevando a otra.

Hay algo muy concreto en la forma en que lo cuenta: trabajar mucho, cumplir y cuidar cada detalle. Ser convocada nuevamente se convirtió, con el tiempo, en la validación de esa manera de hacer las cosas. Y esa lógica fue construyendo un recorrido que empezó a incorporar experiencias que alguna vez parecían lejanas.

En Estados Unidos cubrió huracanes y elecciones presidenciales, trabajó junto a Nelson Castro durante una elección, participó de la cobertura de la llegada de Lionel Messi al Inter Miami y colaboró en proyectos vinculados con la Selección Argentina y la expansión internacional de la AFA. También trabajó para CNN, una señal en la que siempre había soñado estar.

Trabajó para CNN, una señal en la que siempre había soñado estar. También condujo la presentación de las oficinas de la AFA en Miami, participó del Summit de Olé en Coral Gables, presentó y entrevistó en Expo Ar y asumió distintos roles en Fintech Americas, desde la conducción y las entrevistas hasta la entrega de premios.

Viajó dos veces a Harvard acompañando a Leandro Petersen para comunicar la expansión internacional de la AFA y recuerda el trabajo durante el Mundial como una experiencia inolvidable. Más que una sucesión de nombres o eventos, para ella todo ese recorrido confirmó una idea: una carrera puede crecer más allá de las fronteras sin perder sus raíces.

Su recorrido la llevó además a conducir la presentación de las oficinas de la AFA en Miami, participar del Summit de Olé en Coral Gables, Expo Ar y Fintech Americas. Viajó dos veces a Harvard acompañando a Leandro Petersen para comunicar la expansión internacional de la AFA y trabajó durante el Mundial. No dejó atrás la carrera que había construido en Argentina. La extendió.

Melisa Zurita durante una actividad profesional vinculada con la Asociación del Fútbol Argentino en Miami.

Melisa Zurita en Miami, en el marco de su trabajo vinculado con la expansión internacional de la AFA.

Lo que ocurre segundos antes

Hay una parte de su respuesta que me quedó especialmente presente. En Estados Unidos, muchas veces le tocó trabajar sola o apenas acompañada por un camarógrafo. Además de cronista, debía producir, investigar, conseguir testimonios, preparar el equipo, resolver dificultades técnicas y encontrar la manera de salir al aire desde situaciones complejas.

En La Palma, esa parte invisible se volvió muy concreta. “Desde su casa, el público ve a una periodista contando lo que sucede; no ve todo lo que esa periodista solucionó segundos antes para que la salida fuera posible”, explica. Hubo momentos en los que estaba sola, con un trípode que se volaba y una luz que se apagaba mientras intentaba transmitir.

Ese detrás de escena cambia también la manera de mirar a quien está frente a cámara. La seguridad que percibimos no significa ausencia de problemas; muchas veces significa que alguien aprendió a resolverlos sin trasladarlos al espectador.

La imagen también comunica

Hay otro aspecto de nuestra conversación que me resultó especialmente interesante.

Quienes trabajamos en belleza sabemos cuánto puede comunicar una imagen antes de que una persona diga una sola palabra. En televisión esa exposición se multiplica: vestuario, pelo, maquillaje, postura y gestos forman parte de lo que el espectador recibe, incluso cuando el verdadero centro debería ser la información.

Melisa tiene una posición bastante clara y la expresa sin vueltas: “Mi estilo se construyó de una manera natural porque nunca puse la imagen por encima de la noticia”. Para ella, estar prolija y presentarse bien importa, pero una emergencia cambia inmediatamente las prioridades.

Su estilo, me explicó, se construyó de manera natural. Le importa estar prolija y presentarse bien, pero una noticia de último momento modifica cualquier planificación. Si hay una emergencia, su prioridad es llegar y contar lo que está pasando.

Y ahí aparece una contradicción que me resulta muy interesante: cuanto más exigente puede ser una cobertura, menos control existe sobre esa imagen que después será observada y comentada por miles de personas.

Me contó, entre risas, que más de una vez terminó una salida al aire y recibió mensajes de amigas diciéndole que estaba despeinada o marcándole algún detalle de su vestuario. Lo que probablemente ellas no habían visto era todo lo que había sucedido minutos antes.

Melisa sabe, además, que en televisión la imagen tiene un peso importante y que las mujeres pueden quedar expuestas a una evaluación especialmente intensa. Sin embargo, no quiso construir su carrera desde esa comparación. Prefiere que sean el compromiso, la capacidad y los resultados los que definan su recorrido.

Las repercusiones positivas le gustan, naturalmente, pero intenta no depender de la mirada externa para valorar su desempeño. Lo que desea que permanezca no es si un día el pelo estaba perfecto: es la calidad de su trabajo, su manera de contar una historia y la responsabilidad con la que afrontó una cobertura.

Quizás había salido corriendo detrás de una noticia. Quizás acababa de producir sola la cobertura, preparar el equipo o solucionar un inconveniente técnico para poder transmitir.

Cuando se trata de una conducción, una entrevista programada o un evento, sí disfruta cuidar mucho más esos aspectos. Incluso me dijo que le encantaría contar con una asesora de imagen que la ayudara a desarrollar todavía más esa faceta. Pero hay una condición que para ella no se negocia: sentirse auténtica.

Y hay una idea que para ella es esencial: “La imagen comunica, pero nunca debería opacar el contenido ni alejarme de mi identidad”. Quiere que la persona frente a cámara sea coherente con quien es fuera de ella: cercana, espontánea y concentrada en la información.

Quizás por trabajar tantos años en belleza, esa idea me resulta especialmente valiosa. Cuidar la imagen no significa convertirla en el centro de todo. Una buena imagen puede acompañar, reforzar y comunicar quién somos. El problema aparece cuando termina ocupando el lugar de aquello que realmente tenemos para decir.

Me parece una distinción interesante, especialmente en un momento en el que estamos tan acostumbrados a observar imágenes aparentemente perfectas. Hay profesiones en las que lo verdaderamente importante está sucediendo fuera del encuadre.

Melisa Zurita en una faceta más personal y cuidada de su imagen, sin perder la naturalidad que define su manera de comunicar.

Cuando la cámara se apaga

El periodismo también le permitió conocer a personas que millones conocemos solamente a través de una pantalla.

Una de las personas que más la marcó fue Lionel Scaloni. Frente a cámara, dice, se muestra tal como es; pero cuando la entrevista terminó apareció una dimensión mucho más cotidiana. Hablaron de sus hijos, del colegio, de amigos en común y de la vida en el lugar donde reside. Conversaciones sencillas que, justamente por eso, permiten descubrir a alguien más allá del personaje público.

Con Lionel Messi vivió una escena todavía más personal: su hija salió a la cancha de su mano. Para Melisa, ese momento quedó incorporado a la historia de su familia y, al mismo tiempo, estuvo conectado con el camino que había construido a través de su profesión.

Ese episodio tiene para ella un significado que excede cualquier cobertura: llegó a ese momento gracias a su profesión y al camino construido con su trabajo. Es uno de esos puntos en los que la vida profesional y la historia familiar se encuentran de una manera inesperada.

También disfrutó entrevistar a Marcos Galperin e Ismael Cala -quien le abrió las puertas de su casa- y conversar con argentinos que desarrollaron grandes trayectorias en Estados Unidos, como Edgardo Defortuna y Gastón Taratuta. Conoció además a Alejandro Marley y su equipo, Juan Martín del Potro, Martín Demichelis y personalidades de la Fórmula 1.

A lo largo de los años también entrevistó o conoció a figuras como Marcos Galperin, Ismael Cala, Edgardo Defortuna, Gastón Taratuta, Alejandro Marley, Juan Martín del Potro y Martín Demichelis, entre otras personalidades.

Sin embargo, cuando habla de esos encuentros, lo que más le interesa es lo que sucede después. “Cuando se apagan las cámaras queda la conversación genuina, y de cada encuentro siempre me llevo algo distinto”, dice. Ahí aparece otra vez su curiosidad por descubrir a la persona detrás del personaje público.

Esa curiosidad por la persona que queda cuando desaparece el personaje conecta con la misma sensibilidad que aparece en sus coberturas: buscar algo que no sea solamente evidente, escuchar y entender qué historia existe detrás de aquello que todos estamos viendo.

Aprender a resolver, incluso cuando aparece el miedo

Trabajar en países, idiomas y escenarios diferentes también le mostró algo sobre ella misma: tiene una enorme capacidad de adaptación. La historia del huracán con la que comienza esta nota es quizás el ejemplo más extremo.

Melisa no cuenta ese episodio como si no hubiera sentido miedo. Todo lo contrario. “Podía quebrarme por un instante, sentir miedo y no saber cómo continuar, y aun así serenarme y buscar una salida”, recuerda. Esa experiencia le mostró que adaptarse no significa no angustiarse, sino poder volver a ordenar las ideas y continuar.

Trabajar en soledad, en otro país y en otro idioma vuelve cada dificultad más compleja. También, según ella, enseña a pedir ayuda y a confiar en una misma. La Palma y las demás coberturas extremas le hicieron valorar lo que tiene y entender que seguir adelante no significa no sentir angustia, sino atravesarla.

La próxima etapa

Hoy Melisa siente que está entrando en una etapa de consolidación y expansión. Después de haber trabajado en Argentina y de construir una nueva trayectoria en Estados Unidos, quiere reunir esas dos experiencias y llevarlas a proyectos cada vez más sólidos en periodismo, conducción y comunicación institucional.

Uno de sus grandes objetivos es claro: “Quiero seguir entrevistando, viajando y contando historias”. También quiere incorporarse de manera estable a un canal de televisión en Estados Unidos, integrar un equipo completo y aportar todo lo que aprendió después de tantas coberturas en las que tuvo que resolver prácticamente todo por su cuenta.

También quiere hacer crecer su agencia de prensa, con la que trabaja para clientes de distintas partes del mundo, y sumar organizaciones relevantes a las que pueda ayudar a comunicar. En paralelo, desea realizar un máster, perfeccionarse en periodismo y conducción y, en el futuro, enseñar. El ámbito académico también forma parte de lo que imagina para los próximos años.

Haber trabajado para CNN, cubrir el Mundial y la llegada de Messi al Inter Miami, participar dos veces en Harvard junto a Leandro Petersen y conducir eventos vinculados con AFA, Fintech Americas, Expo Ar y el Summit de Olé le confirmó cuál es el camino que quiere profundizar.

La nominación a los Premios Martín Fierro Latino en Miami por su labor periodística fue para ella una validación especial de ese recorrido.

Más allá del resultado, ser reconocida entre profesionales destacados puso en valor años de compromiso y también muchas coberturas realizadas en condiciones que el espectador nunca llegó a conocer.

Pero después de escuchar su historia, pienso que hay reconocimientos que aparecen mucho antes que cualquier nominación.

Están en cada oportunidad que genera otra oportunidad. En alguien que vuelve a confiar en tu trabajo. En aprender a empezar en un país nuevo sin olvidar todo lo que construiste en el anterior.

Y también están en esas historias que jamás llegan a la pantalla.

Una periodista llorando sola en una estación de servicio. Un desconocido compartiendo dos latas de comida. Unas horas de sueño en el asiento trasero de un camión. Y, a la mañana siguiente, volver a levantarse y buscar la manera de llegar al aeropuerto.

La cámara registra una parte de la historia.

A veces, la que verdaderamente explica quién está delante de ella sucede cuando ya se apagó.

 

CECILIA ALVAREZ

Nail Artist Luxury | autora | empresaria

www.ceciliaralvarez.com  |  Instagram: @ceci.alvarez19

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