Delcy: la quema de Judas en Rusia Por: Braulio Jatar Alonso
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Delcy: la quema de Judas en Rusia
Braulio Jatar Alonso (NotiAmerica)
Cuando Alexander Dugin escribió en X que Delcy Rodríguez era “the worst person ever” y “the female Judas”, no lanzó solo una ofensa personal. Dictó una condena política. Y el repost que acompaña ese mensaje es todavía más directo: presenta a Delcy como la mujer que habría traicionado a Nicolás Maduro.
Dugin no es vocero oficial del Kremlin ni existe evidencia pública de que hable en nombre de Putin. Reuters lo describe como un ideólogo ultranacionalista ruso, sin vínculos oficiales con el Kremlin, cuya influencia real sobre Putin ha sido largamente debatida. Es decir, su voz importa, pero no equivale automáticamente a la voz del Estado ruso.
Pero también sería ingenuo tratarlo como una excentricidad irrelevante. Dugin suele expresar, en clave brutal e ideológica, pulsiones del nacionalismo ruso que ven la política exterior como un mapa de lealtades, traiciones y zonas de influencia. En ese lenguaje, llamar “Judas” a Delcy no es un simple insulto: es acusarla de haber entregado una plaza geopolítica.
Tras la captura de Maduro, Rusia respaldó públicamente a Delcy Rodríguez como presidenta interina y presentó ese relevo como una fórmula para preservar la estabilidad y la soberanía de Venezuela. Reuters añadió entonces un detalle revelador: Putin no comentó personalmente la salida de Maduro. El Estado ruso apoyó a Delcy; Putin guardó silencio.
Delcy adoptó un tono conciliador hacia Washington y pidió colaboración al gobierno estadounidense. Luego Caracas y Washington avanzaron hacia el restablecimiento de vínculos diplomáticos, mientras su gobierno empezó a proyectarse como un administrador aceptable para el capital internacional. Eso ya no suena a mera supervivencia del chavismo. Suena a reacomodo estratégico.
En un foro de inversión, Delcy ofreció “seguridad jurídica”, arbitraje internacional y reglas estables para los inversores, incluso ante futuras alternancias políticas. AP y El País retrataron esa apuesta como parte de una apertura económica para atraer inversión al sector energético y a otras áreas clave. Para un ideólogo como Dugin, eso puede parecer menos pragmatismo que rendición con modales.
No hay base seria para sostener que el post de Dugin sea la voz oficial de Putin. Pero sí hay base suficiente para interpretarlo como la reacción de un sector ideológico ruso que empieza a ver a Delcy no como continuidad, sino como traición. No a Maduro solamente, sino a la vieja arquitectura geopolítica que sostuvo al chavismo. Y cuando desde Moscú se empieza a hablar de Judas, es porque alguien siente que Venezuela cambió de eje sin cambiar todavía de rostro



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