EnvejeSer impulsa talleres intergeneracionales en Quito para enfrentar la soledad en la vejez

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EnvejeSer impulsa talleres intergeneracionales en Quito para enfrentar la soledad en la vejez

En Ecuador, el envejecimiento poblacional ya no es una proyección, sino una realidad: cerca del 9% de la población tiene más de 65 años, y se espera que esta cifra continúe en aumento en los próximos años. Sin embargo, este crecimiento no ha ido de la mano con una transformación en la forma en que la sociedad entiende la vejez. Persisten estereotipos que la asocian con enfermedad, dependencia o pérdida, mientras problemáticas como la soledad, el abandono y la exclusión siguen siendo poco visibilizadas.

Frente a este contexto, en Quito y Cumbayá se están desarrollando una serie de actividades formativas e intergeneracionales que buscan no solo evidenciar esta realidad, sino también proponer formas concretas de transformarla. La iniciativa forma parte de EnvejeSer, una propuesta de educomunicación que plantea repensar el envejecimiento desde una mirada más humana, activa e integral.

Entre el 6 y el 17 de abril, se llevarán a cabo charlas gratuitas dirigidas a cuidadores y familiares de adultos mayores, un actor muchas veces olvidado en la conversación sobre envejecimiento. Estos espacios buscan brindar herramientas prácticas para mejorar el acompañamiento y comprender mejor las necesidades de esta etapa.

Las charlas abordarán temas como la salud mental, con énfasis en el empoderamiento en la vejez y la importancia de mantener autonomía, autoestima y sentido de propósito; la nutrición, enfocada en hábitos que favorezcan el bienestar y la calidad de vida; y la ludoterapia, que destaca el rol del juego, la actividad y la recreación como elementos clave para la socialización, la estimulación cognitiva y la prevención del deterioro emocional.

Paralelamente, se desarrollan talleres intergeneracionales en el Centro de Experiencia del Adulto Mayor (CEAM) de Tumbaco, donde jóvenes universitarios y personas mayores comparten espacios de aprendizaje, creación y encuentro. Estas actividades buscan romper la barrera generacional y generar vínculos reales, en los que ambas partes aportan y aprenden.

Uno de los ejemplos más representativos es el taller de cocina del 2 de abril, en el que los participantes prepararán fanesca, un plato tradicional ecuatoriano. Más allá de la receta, este espacio se convierte en un intercambio de saberes, memoria y cultura, donde las personas mayores transmiten conocimientos y experiencias, reforzando su rol activo dentro de la comunidad.

A estos espacios se suman talleres de teatro, arte y periodismo, que trabajan la expresión, la creatividad y la conexión emocional. En este último destaca el proyecto “Tumbaquitos Periodistas”, donde mujeres adultas mayores participaron en procesos de entrevistas, redacción, fotografía y edición junto a estudiantes universitarios. El resultado fue la creación de la revista El Arte de Vivir, una publicación que recoge sus historias y demuestra que el envejecimiento también puede ser una etapa de producción, voz y protagonismo.

Este tipo de actividades no solo impactan a quienes participan directamente, sino que también plantean un cambio más amplio: dejar de ver a las personas mayores como sujetos pasivos y empezar a reconocerlas como actores activos dentro de la sociedad.

Más allá de los talleres, la iniciativa abre una pregunta urgente: ¿qué rol estamos jugando como sociedad en la forma en que las personas envejecen?

La respuesta no está únicamente en políticas públicas o instituciones, sino también en lo cotidiano. Acciones simples —como compartir tiempo, escuchar activamente, incluir y reconocer— pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de vida de las personas mayores.

En un contexto donde la vejez suele ser invisibilizada, estas actividades buscan generar algo más que reflexión: experiencias reales de encuentro, aprendizaje y comunidad que permitan transformar la manera en que entendemos y vivimos el envejecimiento.

Porque envejecer no debería ser sinónimo de aislamiento, sino de conexión.

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