Enrique Márquez: ¿El hombre del consenso que necesita Venezuela? Por: Eduardo Fernandez

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Enrique Márquez: ¿El hombre del consenso que necesita Venezuela?

La imagen dio la vuelta al mundo. En la noche del discurso del Estado de la Unión, Donald Trump pidió bajar a una figura desde el palco de honor y, para sorpresa de muchos, apareció Enrique Márquez abrazando a su sobrina entre lágrimas y una ovación cerrada . En cuestión de segundos, el ingeniero zuliano pasó de ser un ex rector del CNE recién salido de El Helicoide a ocupar el centro de la atención internacional.

Pero más allá del simbolismo del momento, una pregunta flota en el aire venezolano: ¿puede ser Márquez la opción ecuánime que necesitamos para entendernos como país?

Su aparición en Washington no fue casualidad. Trump lo presentó como un símbolo de su política hacia Venezuela, pero lo interesante es quién es realmente este hombre. Márquez no es un político convencional. Es ingeniero eléctrico egresado de la Universidad del Zulia, profesor universitario,  . Un perfil técnico en un país secuestrado por la pasión política irracional.

Su trayectoria habla de alguien que ha sabido moverse en las grietas del sistema sin perder la brújula. Fue diputado, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional en 2016, rector del CNE entre 2021 y 2023, y candidato presidencial en 2024 . Pero lo que realmente lo distingue es su capacidad para tender puentes sin claudicar. Cuando fue rector electoral, trabajó con sectores del oficialismo para intentar construir un árbitro confiable .

Luego vino lo más difícil. Después del 28 de julio, Márquez fue el único candidato, junto a Edmundo González, que se negó a firmar el acuerdo que validaba los resultados sin actas . Conociendo los secretos del CNE por dentro, denunció que el primer boletín no había salido de la sala de totalización . Esa coherencia le costó casi un año de encierro en El Helicoide, incomunicado, esposado, sometido a interrogatorios constantes .

Hoy, libre gracias a una ley de amnistía, Márquez regresa con un discurso que pocos quieren escuchar en estos tiempos de polarización extrema. No se proclama candidato. Dice tener «dos candidatas: la democracia y la Constitución» . Habla de perdón, de sanar heridas, de construir un gobierno de unidad nacional donde quepan incluso sectores del chavismo disidente .

Y es precisamente ahí donde radica su valor. Venezuela no necesita más caudillos que nos hablen desde la pureza ideológica. Necesita ingenieros que entiendan cómo resolver el desastre eléctrico en menos de un año, como él mismo ha propuesto . Necesita políticos con «estómago de hierro», como lo describen quienes lo conocen, capaces de dialogar con todos sin traicionar sus principios .

Márquez no es el líder de las multitudes emocionadas. No es María Corina Machado encendiendo pasiones en las calles . Es otra cosa: es el hombre que pondera, que mide, que busca el consenso institucional. Es el profesor universitario que entiende la política como construcción, no como trinchera.

La pregunta es si los venezolanos estamos preparados para esa figura. Si después de tantos años de odio y fractura, seremos capaces de sentarnos en una mesa donde quepamos todos. Márquez cree que sí. Por eso insiste en renovar el CNE y el TSJ antes de cualquier elección . Por eso pide derogar leyes que criminalizan la disidencia . Por eso, desde su regreso, repite que «el perdón es nuestro camino como país para sanar heridas» .

En un momento donde la comunidad internacional con Trump a la cabeza parece haber puesto sus ojos en él, los venezolanos tenemos una oportunidad. La oportunidad de elegir no al que grite más fuerte, sino al que pueda garantizar paz, estabilidad y gobernabilidad.

Enrique Márquez, el ingeniero de Maracaibo que pasó de las aulas universitarias a las celdas de El Helicoide y de allí al Capitolio estadounidense, quizás sea el rostro de esa Venezuela posible. La que entiende que para avanzar, primero tenemos que entendernos.

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