Ni Alex Saab ni Maduro bailarán más… hipótesis sobre su cautiverio Por: Braulio Jatar Alonso

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Ni Alex Saab ni Maduro bailarán más… hipótesis sobre su cautiverio

Por Braulio Jatar Alonso

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En los sistemas autoritarios, las desapariciones nunca son casuales. Son señales. Mensajes silenciosos dirigidos hacia adentro del poder, más que hacia afuera. Por eso, cuando nombres como Alex Saab, Raúl Gorrín o figuras del círculo duro del chavismo entran en zonas grises de información, lo que emerge no es solo un rumor: es la expresión visible de una lucha interna por la supervivencia.

Alex Nain Saab Morán — algo parecido a un empresario colombiano de ascendencia libanesa y señalado durante años como operador financiero clave del chavismo— representa algo más que un personaje polémico. Representa el archivo vivo de las finanzas del poder. Desde investigaciones por lavado de dinero hasta su rol en contratos estatales, Saab ha sido descrito por autoridades estadounidenses como un engranaje central en los mecanismos económicos del régimen.

Por eso, cuando surgen reportes sobre su supuesta detención o interrogatorios tras operaciones conjuntas de inteligencia, aunque no existan confirmaciones oficiales definitivas, el verdadero foco es lo que simboliza:  “el contador” siempre se vuelve peligroso cuando el imperio financiero comienza a temblar.

La historia venezolana reciente ofrece un antecedente irrebatible: Tareck El Aissami, figura poderosa que llegó a ser vicepresidente y jefe del negocio petrolero, también pasó de la omnipresencia política a una súbita opacidad pública tras escándalos de corrupción multimillonaria. En el ecosistema del chavismo, quienes manejan los libros contables del sistema no solo administran recursos; administran secretos.

Este fenómeno describe lo que he denominado el PRANATO: un modelo donde el Estado deja de operar como institución y se transforma en estructura criminal jerárquica, con dinámicas similares a las de organizaciones mafiosas. En ese entorno, las desapariciones temporales no son anomalías; son mecanismos de control interno y mas dinero.

La analogía histórica es inevitable. Al Capone no cayó únicamente por balas o conspiraciones políticas, sino por los números: los registros contables que permitieron reconstruir la estructura financiera del crimen. Hoy, en Venezuela, los operadores económicos cumplen una función equivalente. Quien controla las finanzas controla la narrativa del poder.

 

Reportes recientes indican que Saab y el empresario Raúl Gorrín habrían sido detenidos en Caracas en operaciones donde participarían organismos venezolanos y agentes estadounidenses, aunque abogados y voceros cercanos niegan las versiones, reflejando el nivel de opacidad que rodea estos movimientos.

Más allá de la confirmación o desmentido, lo relevante es la lógica interna: cuando un régimen enfrenta presiones externas o procesos judiciales inminentes, tiende a concentrar cerca de sí a quienes poseen la información financiera más sensible. No necesariamente para castigarlos, sino para controlarlos.

Durante la era CADIVI, centenares de operadores económicos  convertidos en falso empresarios aprendieron que, el acceso a divisas preferenciales implicaba una segunda realidad: la obligación de compartir beneficios bajo amenaza. Ese sistema de coerción económica institucionalizó la extorsión como método político. Y esa cultura persiste.

Por eso, la hipótesis del cautiverio —sea formal o simbólico— no debe analizarse solo desde la óptica judicial internacional. Debe entenderse como parte de un reordenamiento interno del poder, donde los “contadores” del sistema se convierten simultáneamente en activos estratégicos y riesgos existenciales.

Lo que sí parece evidente es un cambio de tono. Aquella imagen burlona, el baile provocador, el desafío teatral frente a la administración Trump, pertenece a otra etapa. Los tiempos de la arrogancia pública suelen terminar cuando el tablero cambia y la supervivencia reemplaza al espectáculo.

Ni Alex Saab ni Maduro bailarán más.

Cuando el miedo entra en la habitación, la música se detiene.

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