El misterioso cayo Hueso Por: Xiomary Urbáez. Periodista-Escritora

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El misterioso cayo Hueso

Por: Xiomary Urbáez. Periodista-Escritora

Cayo Hueso tiene la magia de una isla caribeña con un estilo de vida relajado y absolutamente norteamericano. Su historia combina piratas, la cadencia del siglo XIX, las vivencias de varios escritores que han hecho vida en sus arenas y el tolerante ambiente contemporáneo.

El recorrido en velero por los alrededores mide el ritmo de un sitio que pasa de lo acelerado a lo pausado en un cerrar de ojos. Precisamente es su encanto. Viento, velas y cuerdas era todo lo que había en la antigüedad. Hasta finales del siglo XIX las naves de vela esperaban una corriente de aire adecuada. En esa época balandros y veleros piratas surcaban y se escondían en las calas y los bajíos de los alrededores.

Los violentos enfrentamientos generaron muchas leyendas sobre tesoros escondidos. Lingotes de oro presuntamente hundidos por siglos en el lecho marino. Dicen que, durante las noches de luna llena, en los cercanos manglares se materializa el espectro del temido Black Caesar, un jefe tribal africano secuestrado por negreros en el siglo XVII. El archipiélago atestiguó su épica huida de los esclavistas y su rápido ascenso como bucanero. Cruel, inteligente y con una fuerza física descomunal, Black Caesar mantuvo en ascua a otros navegantes.

Cuentan que amasó una enorme fortuna, navegó con Barbanegra y que en su islote (la roca de Caesar) mantuvo prisioneros para canje, además de un harén con más de cien mujeres producto de sus pillajes. Apunta la leyenda que, al ser capturado, juzgado y ahorcado, varios niños quedaron abandonados en la pequeña isla. Algunos sobrevivieron comiendo bayas y moluscos, desarrollaron su propio vocabulario y originaron una serie de supersticiones.

Los misterios se escabullen mientras cae el sol sobre el apacible oleaje. En pleno XXI, las velas con modernos aparejos bogan por la costa tropical. Mismo escenario, otro tiempo. Las sombreadas calles del casco histórico albergan mansiones victorianas y casas de famosos personajes, entre los cuales destacan los escritores Ernest Hemingway, Tennessee Williams, Robert Frost, Truman Capote, Judy Blume, Elizabeth Bishop y John Hersey, entre otros.

El aire impregnado de salitre y flores se cuela entre la madera y la coquina. La famosa boya de las 90 millas marca el punto más meridional de los Estados Unidos y es parada obligada para los visitantes. Al oscurecer el cayo despierta del letargo. Los locales de la calle Duval, donde se concentra casi toda la frenética oferta nocturna, dan para todos los gustos. Bares, restaurantes, sex shops, galerías y camiones de comida… la algarabía es total.

Imposible dejar de pasar por Sloopy Joe’s, uno de los sitios preferidos por Hemingway. Exhiben artículos como cheques, armas, trofeos, fotografías y manuscritos con secciones de la novela Tener y no tener, publicada en 1937. En el cayo Hueso de hoy la historia menuda va diluyéndose para convertirse en leyenda, la fiesta recibe a todo tipo de turistas y la literatura vive en los textos de los que han retratado la belleza de sus parajes.

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