¿Está el embajador de Estados Unidos en Chile informando a Washington sobre el caso Ojeda? Por Braulio Jatar Alonso

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¿Está el embajador de Estados Unidos en Chile informando a Washington sobre el caso Ojeda?

Por Braulio Jatar Alonso ( noti-america.com)

Esta semana comenzó en Chile el primer juicio oral por el secuestro y asesinato del teniente venezolano Ronald Ojeda, refugiado político en nuestro país. La Fiscalía chilena sostiene que detrás del crimen existió una motivación política y que miembros del Tren de Aragua participaron en su ejecución.

El fiscal Héctor Barros ha señalado públicamente que los antecedentes de la investigación apuntan a Diosdado Cabello como quien habría intervenido en la negociación y pago de la operación. Incluso afirmó que, si Cabello estuviera fuera de Venezuela y al alcance de la justicia chilena, ya existirían acciones destinadas a formalizarlo.

En la investigación también aparece Alexander Granko Arteaga, alto funcionario de la contrainteligencia militar venezolana. Ronald Ojeda lo había señalado anteriormente entre quienes participaron en sus torturas en Venezuela, por lo que cualquier conexión con su posterior asesinato en Chile merece ser investigada hasta las últimas consecuencias.

El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, conoce perfectamente la importancia del caso. Hace pocos días celebró la extradición a Chile de dos imputados y presentó esa cooperación como parte de la lucha contra el crimen organizado transnacional que Washington desarrolla en la región.

Por esa razón existe una pregunta que el embajador debería responder: si está informando a la Casa Blanca y al Departamento de Estado que la investigación chilena ya no apunta solamente a los autores materiales, sino que está buscando establecer quién contrató, financió y ordenó el asesinato de Ronald Ojeda.

Diosdado Cabello tampoco es un personaje desconocido para Estados Unidos. Durante años ha sido acusado y sancionado por Washington y, al mismo tiempo, continúa siendo una de las figuras con mayor poder en Venezuela. Allí comienza una contradicción que la política exterior estadounidense tendrá que resolver.

No resulta coherente perseguir al Tren de Aragua cuando actúa en las calles de Santiago y mirar hacia otro lado cuando una Fiscalía independiente comienza a investigar a quienes eventualmente pudieron contratarlo. Si Estados Unidos considera al crimen organizado transnacional una amenaza para el continente, la investigación debe llegar también hasta quienes utilizan esas organizaciones desde posiciones de poder.

Washington tendrá que decidir si su lucha contra el crimen transnacional alcanza también a quienes hoy le resultan políticamente útiles. No se puede pedir justicia contra el terrorismo y, al mismo tiempo, convivir políticamente con quienes aparecen vinculados a esas mismas estructuras. George Washington advirtió que la moral era indispensable para sostener un gobierno libre. Los principios valen precisamente cuando defenderlos tiene un costo.

Esa contradicción no la vamos a normalizar ni la vamos a callar. Si la investigación por el asesinato de Ronald Ojeda conduce hacia hombres que hoy conservan poder en Venezuela, la justicia debe llegar hasta donde conduzcan las pruebas. Ningún interés petrolero, económico o diplomático puede estar por encima de la vida, la libertad y la justicia. De eso se trata, finalmente, la diferencia entre tener poder y tener principios.

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