Llegar a ser interculturales: Chile frente al miedo migratorio Por: Braulio Jatar Alonso

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Llegar a ser interculturales: Chile frente al miedo migratorio

Por Braulio Jatar Alonso

En Becoming Intercultural, Young Yun Kim explica que migrar no consiste solamente en cruzar una frontera. Es un proceso profundo de transformación personal, social y comunicativa. Quien llega a otro país debe aprender nuevos códigos, reconstruir vínculos, enfrentar incertidumbres y desarrollar capacidades para desenvolverse en una sociedad distinta.

La autora sostiene que la adaptación no depende exclusivamente del inmigrante. También exige una sociedad receptora capaz de ofrecer oportunidades reales de participación. No puede hablarse seriamente de integración cuando al extranjero se le cierran las puertas del trabajo, de la regularización, de la vivienda, de la educación o de la reunificación familiar.

Esta reflexión resulta especialmente necesaria en un Chile afectado por una narrativa antimigrante que pretende convertir al extranjero en explicación automática de todos los problemas nacionales. La delincuencia, la precariedad laboral, la crisis habitacional y la inseguridad son fenómenos complejos. Reducirlos a la presencia de inmigrantes no aporta soluciones; solamente fabrica un adversario políticamente rentable.

Kim describe la adaptación como un ciclo de estrés, aprendizaje y crecimiento. Pero ese proceso puede fracasar cuando el entorno se vuelve abiertamente hostil. La discriminación, la incertidumbre documental, la separación familiar y el temor permanente a la expulsión no favorecen la integración. Por el contrario, empujan a las personas hacia el aislamiento, la informalidad y la desconfianza institucional.

Nuestra lucha como defensores de los derechos de los inmigrantes nace precisamente en ese punto. No defendemos privilegios ni proponemos desconocer las leyes. Defendemos el derecho a que cada persona sea escuchada, a que las decisiones administrativas sean fundadas, a que se respete el debido proceso y a que la familia sea protegida como núcleo fundamental de la sociedad.

Hemos tenido que acudir reiteradamente a los tribunales porque, en demasiadas ocasiones, la política migratoria ha olvidado que detrás de cada expediente existe una vida. Hay madres separadas de sus hijos, trabajadores que han contribuido durante años, profesionales que buscan regularizarse y familias que no pueden seguir esperando respuestas indefinidas.

La integración no se construye mediante discursos de miedo ni a través de sanciones indiscriminadas. Se construye con legalidad, comunicación, oportunidades y reconocimiento recíproco. El inmigrante debe respetar las normas y participar activamente en la sociedad; pero el Estado también debe respetar su dignidad y garantizar procedimientos justos.

El desafío no es obligar al extranjero a desaparecer dentro de Chile. El verdadero desafío es construir un Chile capaz de integrar sin renunciar a su identidad, pero también sin negar la humanidad de quienes han llegado para comenzar de nuevo.

Estamos en contacto.

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