El «Cometa del Siglo» se fragmenta: Astrónomos advierten sobre su inesperado destino
Lo que la comunidad científica y los aficionados a la astronomía esperaban como el evento astronómico más espectacular de la década ha tomado un rumbo incierto. El cometa C/2026 A1 (MAPS), que se perfilaba para iluminar nuestros cielos este mes de abril, ha sufrido un proceso de fragmentación catastrófica tras su encuentro cercano con el Sol.
Un roce solar fatal
El pasado 4 de abril, el cometa MAPS alcanzó su perihelio —el punto más cercano a nuestra estrella— a una distancia extremadamente reducida de apenas 170.000 kilómetros sobre la superficie solar. Esta cercanía lo clasificó como un «sungrazer» (rasante solar), sometiéndolo a fuerzas gravitacionales y térmicas que finalmente superaron la cohesión de su núcleo.
Imágenes captadas por los coronógrafos de la NASA revelaron que, en lugar de emerger una cabeza cometaria sólida y brillante por detrás del Sol, lo que apareció fue una pluma de polvo difusa y curvada. Este fenómeno indica que el núcleo se desintegró por completo bajo el calor extremo, liberando una gran cantidad de material en el espacio.
¿Qué significa esto para los observadores?
Aunque inicialmente hubo esperanzas de presenciar un «cometa sin cabeza» (una cola brillante que persiste tras la ruptura del núcleo), los últimos reportes indican que la nube de escombros se está dispersando rápidamente.
- Visibilidad: Las posibilidades de verlo a simple vista han caído drásticamente.
- Destino: Los restos del MAPS ahora forman parte del polvo interplanetario, dejando atrás la promesa de un espectáculo nocturno.
La mirada puesta en nuevos objetivos
A pesar de la pérdida del cometa MAPS, los astrónomos ya han redirigido sus telescopios hacia otros candidatos. El cometa C/2025 R3 (PanSTARRS) se presenta ahora como el objetivo más prometedor para lo que resta de abril, aunque no se espera que alcance la magnitud de brillo que prometía el malogrado «Cometa del Siglo».
La desintegración del MAPS nos recuerda la naturaleza impredecible de estos visitantes del sistema solar exterior, cuya fragilidad suele ser proporcional a su belleza.

