La escuela que el chavismo cerró: la destruccion de la educacion publica y su impacto al ingreso universitario.Por: Eduardo Fernandez

NOTI-AMERICA.COM | VENEZUELA

La escuela que el chavismo cerró: la destruccion de la educacion publica y su impacto al ingreso universitario.

Durante dos décadas, el chavismo proclamó que el socialismo del siglo XXI pondría al pobre en el centro de todas las políticas. Sin embargo, en el terreno de la educación primaria y secundaria, la realidad es tan brutal como contradictoria: el sistema público venezolano no solo colapsó, sino que fue infundido con una crisis deliberada, producto del abandono planificado, la expulsión de docentes calificados y la imposición de un currículo cargado de adoctrinamiento político. El resultado es una generación de estudiantes que llegan a la universidad sin herramientas básicas para pensar.

El origen del desastre se remonta a principios de los años 2000, cuando el gobierno de Hugo Chávez comenzó a sustituir la meritocracia escolar por la lealtad ideológica. Se redujeron las horas de matemáticas y lenguaje, se eliminaron materias como educación para la ciudadanía y lógica, y se promovió un modelo de “escuela inclusiva” que en la práctica bajó los estándares al mínimo común denominador. Pero el golpe más letal vino después: la hiperinflación y la crisis económica, lejos de ser accidentes, fueron gestionadas de manera que los salarios de los maestros públicos pasaron a valer menos que un dólar al mes. Más de 60 mil docentes abandonaron las aulas entre 2016 y 2022. Esos docentes quedaron, sin materiales, sin electricidad y muchas veces sin estudiantes que asistieran porque no había comida en los comedores escolares, se convirtieron en cuidadores, no en educadores.

Mientras la escuela pública se pudría, el chavismo permitió y en muchos casos alentó que la educación privada se convirtiera en un privilegio de minorías. Las élites vinculadas al gobierno y la creciente diáspora venezolana con ingresos en divisas pudieron costear colegios bilingües, con laboratorios y currículos internacionales. El resto, la mayoría pobre, quedó atrapada en escuelas donde aprender a leer con comprensión se volvió un lento milagro. La paradoja es demoledora: en el supuesto socialismo, el hijo del pobre ya no tiene siquiera la primera opción; directamente no tiene opción.

Cuando estos estudiantes logran ingresar a la universidad  porque el sistema de ingreso también se flexibilizó al extremo para maquillar cifras el choque es brutal. Los profesores universitarios reportan que un alto porcentaje de los nuevos alumnos no sabe redactar un texto argumentativo, no distingue entre una causa y una consecuencia, y carece de operaciones matemáticas básicas como fracciones o porcentajes. No se trata de falta de inteligencia: es la ausencia absoluta de andamiaje cognitivo que debió construirse durante once años. Muchos desertan en el primer semestre. Los que persisten, arrastran una vergüenza y una rabia que no entienden del todo: les prometieron revolución y les entregaron ignorancia.

La solución no pasa por más declaraciones grandilocuentes ni por parches asistencialistas. Propongo un plan con tres ejes ejecutables en el corto y mediano plazo, asumiendo un escenario de transición política. Primero: sistema nacional de vouchers educativos financiados con fondos públicos, que cada familia pobre pueda canjear en cualquier escuela pública o privada certificada, generando competencia por calidad. Segundo: evaluaciones censales anuales en lectura, matemáticas y ciencias, con publicación de resultados por escuela, para que la comunidad sepa si sus hijos están aprendiendo. Tercero: reconstrucción de la carrera docente con salarios dignos en dólares, formación por competencias y despido inmediato de maestros que no aprueben exámenes de conocimiento. Solo así se rompe el ciclo de la mediocridad planificada.

Venezuela no necesita más escuelas vacías de contenido. Necesita que el pobre, por fin, sea el primero en aprender. Eso sí sería revolucionario.

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