{"id":6041,"date":"2019-02-18T05:44:36","date_gmt":"2019-02-18T05:44:36","guid":{"rendered":"http:\/\/noti-america.com\/site\/us-ny\/2019\/02\/18\/si-la-mar-se-seca-bitacora-23-por-leila-tomaselli\/"},"modified":"2019-02-18T05:44:53","modified_gmt":"2019-02-18T05:44:53","slug":"si-la-mar-se-seca-bitacora-23-por-leila-tomaselli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/noti-america.com\/site\/us-ny\/2019\/02\/18\/si-la-mar-se-seca-bitacora-23-por-leila-tomaselli\/","title":{"rendered":"Si la Mar se seca, Bit\u00e1cora 23,   por Leila Tomaselli"},"content":{"rendered":"<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>Si la mar se seca<\/strong><\/h1>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><strong>Extracto<\/strong><\/h2>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Bit\u00e1cora 23<\/h3>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><strong>Bah\u00eda de Vizcaya. Miami.<\/strong><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-6042 alignleft\" src=\"http:\/\/noti-america.com\/site\/us-tn\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2018\/09\/yo-238x300.jpg\" alt=\"\" width=\"238\" height=\"300\" \/><\/p>\n<p>Tenemos el conocimiento innato.<\/p>\n<p>Nuestra alma ha viajado tanto que todo lo ha visto y por eso todo lo reconoce. Anamnesis, reminiscencia, le llama Plat\u00f3n. Una astilla, un chispazo, un pellizco, un barco que pasa lento, dice, es suficiente para que se active la memoria de otro barco, otras bah\u00edas, otros cielos que llevamos dentro. Por fortuna la reminiscencia brota como<em> recuerdo que resbala r\u00e1pido, con un esbozo de vuelo\/Como la hoja que acaba de parir la rotativa\/Y se acomoda quieto<\/em>\/<em>Debajo de las im\u00e1genes que siguen cayendo. (Juan Carlos Onetti).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>R\u00e1pido y cambiante. Porque \u00fanicamente para<strong> reconfirmar certezas<\/strong> no valdr\u00eda la pena escribir -ni siquiera existir-, ser\u00edamos una mala novela que se repite al infinito hasta agotarse a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Una nueva bah\u00eda, espejo de la bah\u00eda mediterr\u00e1nea que nos ha albergado por a\u00f1os, es mi nueva casa.<\/p>\n<p><strong>Vive frente al agua. Se ha bautizado a si misma casa de la playa<\/strong> cuando decidi\u00f3 que vivir\u00edamos en ella. Imposible resistirse a tanta insistencia. Se hab\u00eda instalado en nuestra cabeza como mon\u00f3logo musical. Naci\u00f3\u00a0 un dialogo con un tronco de madera de tamarindo que hab\u00eda ca\u00eddo de viejo por las Filipinas \u2013me informo para apaciguar mi sentido de culpa- que tambi\u00e9n quer\u00eda mirar al mar. Y as\u00ed los muebles, los amigos, la familia.<\/p>\n<p>Todos con aquella nostalgia anamn\u00e9sica de querer mirar a este mar.<\/p>\n<p>Y descubrir un lugar escondido en el que empezar historias, dejar que la memoria err\u00e1tica navegue por las ci\u00e9nagas, vaya y venga como las luces de la bah\u00eda. Lentas y silenciosas en el cielo que espera la noche, palpitantes unas, detenidas otras, \u00a0con el secreto prop\u00f3sito de alguna meta oculta.<\/p>\n<p>Aviones de agua, botes de cielo, <em>noches de vientos perdidos que equivocan la memoria<\/em>.<\/p>\n<p>Hay d\u00edas en que la luminosidad se empa\u00f1a, de pronto borra el nacimiento del puente y su muerte al otro extremo y deja adivinar solo la grupa.<\/p>\n<p>Y en esa humedad fermenta la apolog\u00eda de la lentitud para recuperar la reflexi\u00f3n, explorar el silencio, sincronizar mi tiempo con el tiempo de la bah\u00eda. Hundirse en la vida, esperar a que aclare sola, aguardando en la sala de espera. Sin prisa. Llega con la sucesi\u00f3n de lluvia y sol.<\/p>\n<p>Oler la fragancia de la vida contemplativa, demorarse en la mecedora lagunar, en el misterio de la sombra y la luz cambiante en lugar de correr de una sensaci\u00f3n a la siguiente.<\/p>\n<p>Recuperar el hilo de la narrativa, los <em>viejos amigos y amigos viejos que han gastado otros zapatos, refugiados de todo el mundo, <\/em><em>escuchar nuevas historias de exilios, de mareas humanas desplazadas de sus ra\u00edces, de llegadas y partidas, nuevas vidas y viejas muertes. Esta vez no son de Cuba<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Que la bah\u00eda de Vizcaya, la bah\u00eda de la convivencia \u00e9tnica, de perspectivas tramposas, no nos enga\u00f1e con la sumisi\u00f3n de sus aguas mansas. M\u00e1s al sur se libran batallas urgentes, se alumbran d\u00edas de libertad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Botellas con mensajes inquietantes no vienen a morir a esta bah\u00eda porque la playa con arena como tal est\u00e1 lejos de aqu\u00ed. Pero vino a nacer hace 100 a\u00f1os el sue\u00f1o de construir una mansi\u00f3n de invierno que preservara el ecosistema de los manglares\u00a0 que le hospedaban La quiso en la mitad de la selva, (en lo que hoy es Coconut Grove), lejos de las heladas Paris, Chicago, New York, donde Mr. Deering ten\u00eda sus negocios. A la bah\u00eda, la casa y los jardines italianos anexos les impuso el nombre de <em>Biscaya<\/em>. De los primeros <em>early birds, <\/em>talvez, Mr. Deering.<\/p>\n<p>Aconsejado por Mary Brickell, propietaria de aquellos humedales, encarg\u00f3 los asuntos de la construcci\u00f3n a un dise\u00f1ador neoyorquino con quien parti\u00f3 hacia Europa para conocer los mejores ejemplos de la arquitectura cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>Pero la entrega del proyecto, inspirado finalmente en la veneciana <em>Ca\u2019 Rezzonico<\/em>, que preve\u00eda la llegada por mar con sus embarcaderos de estilo <em>serenissimo<\/em> y sus enormes g\u00f3ndolas en piedra coralina, tard\u00f3 m\u00e1s de lo debido, aunque el arquitecto <em>Paul Chalfin <\/em>hab\u00eda empleado m\u00e1s de mil trabajadores en la obra. La culpa de los retrasos la tuvieron los acabados que ven\u00edan directamente de los pa\u00edses europeos que atravesaban en ese entonces los disturbios de la primera guerra mundial. Las demoras le alargaron la vida a Mr. Deering, a quien la impunidad de la muerte alcanz\u00f3 poco despu\u00e9s de haber estrenado su nueva casa en 1925.<em> (Tour, Pedro Medina Le\u00f3n).<\/em><\/p>\n<p>Los sucesivos huracanes desquiciaron lo elaborado con cuidado renacentista para convertirlo en museo. Que tambi\u00e9n es un buen final.<\/p>\n<p>Tenemos el conocimiento innato.<\/p>\n<p>Nuestra alma ha viajado tanto que todo lo ha visto y por eso todo lo reconoce. Anamnesis, reminiscencia, le llama Plat\u00f3n. Una astilla, un chispazo, un pellizco, un barco que pasa lento, dice, es suficiente para que se active la memoria de otro barco, otras bah\u00edas, otros cielos que llevamos dentro. Por fortuna la reminiscencia brota como<em> recuerdo que resbala r\u00e1pido, con un esbozo de vuelo\/Como la hoja que acaba de parir la rotativa\/Y se acomoda quieto<\/em>\/<em>Debajo de las im\u00e1genes que siguen cayendo. (Juan Carlos Onetti).<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>R\u00e1pido y cambiante. Porque \u00fanicamente para<strong> reconfirmar certezas<\/strong> no valdr\u00eda la pena escribir -ni siquiera existir-, ser\u00edamos una mala novela que se repite al infinito hasta agotarse a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Una nueva bah\u00eda, espejo de la bah\u00eda mediterr\u00e1nea que nos ha albergado por a\u00f1os, es mi nueva casa.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-6044 alignright\" src=\"http:\/\/noti-america.com\/site\/us-ny\/wp-content\/uploads\/sites\/12\/2019\/02\/IMG_2365-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" \/>Vive frente al agua. Se ha bautizado a si misma casa de la playa<\/strong> cuando decidi\u00f3 que vivir\u00edamos en ella. Imposible resistirse a tanta insistencia. Se hab\u00eda instalado en nuestra cabeza como mon\u00f3logo musical. Naci\u00f3\u00a0 un dialogo con un tronco de madera de tamarindo que hab\u00eda ca\u00eddo de viejo por las Filipinas \u2013me informo para apaciguar mi sentido de culpa- que tambi\u00e9n quer\u00eda mirar al mar. Y as\u00ed los muebles, los amigos, la familia.<\/p>\n<p>Todos con aquella nostalgia amn\u00e9sica de querer mirar a este mar.<\/p>\n<p>Y descubrir un lugar escondido en el que empezar historias, dejar que la memoria err\u00e1tica navegue por las ci\u00e9nagas, vaya y venga como las luces de la bah\u00eda. Lentas y silenciosas en el cielo que espera la noche, palpitantes unas, detenidas otras, \u00a0con el secreto prop\u00f3sito de alguna meta oculta.<\/p>\n<p>Aviones de agua, botes de cielo, <em>noches de vientos perdidos que equivocan la memoria<\/em>.<\/p>\n<p>Hay d\u00edas en que la luminosidad se empa\u00f1a, de pronto borra el nacimiento del puente y su muerte al otro extremo y deja adivinar solo la grupa.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-6046 aligncenter\" src=\"http:\/\/noti-america.com\/site\/us-ny\/wp-content\/uploads\/sites\/12\/2019\/02\/puente-key-biscayne-300x113.jpg\" alt=\"\" width=\"737\" height=\"278\" \/><\/p>\n<p>Y en esa humedad fermenta la apolog\u00eda de la lentitud para recuperar la reflexi\u00f3n, explorar el silencio, sincronizar mi tiempo con el tiempo de la bah\u00eda. Hundirse en la vida, esperar a que aclare sola, aguardando en la sala de espera. Sin prisa. Llega con la sucesi\u00f3n de lluvia y sol.<\/p>\n<p>Oler la fragancia de la vida contemplativa, demorarse en la mecedora lagunar, en el misterio de la sombra y la luz cambiante en lugar de correr de una sensaci\u00f3n a la siguiente.<\/p>\n<p>Recuperar el hilo de la narrativa, los <em>viejos amigos y amigos viejos que han gastado otros zapatos, refugiados de todo el mundo, <\/em><em>escuchar nuevas historias de exilios, de mareas humanas desplazadas de sus ra\u00edces, de llegadas y partidas, nuevas vidas y viejas muertes. Esta vez no son de Cuba<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-6048 alignleft\" src=\"http:\/\/noti-america.com\/site\/us-ny\/wp-content\/uploads\/sites\/12\/2019\/02\/IMG-2362_3-300x280.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"280\" \/>Que la bah\u00eda de Vizcaya, la bah\u00eda de la convivencia \u00e9tnica, de perspectivas tramposas, no nos enga\u00f1e con la sumisi\u00f3n de sus aguas mansas. M\u00e1s al sur se libran batallas urgentes, se alumbran d\u00edas de libertad.<\/p>\n<p>Botellas con mensajes inquietantes no vienen a morir a esta bah\u00eda porque la playa con arena como tal est\u00e1 lejos de aqu\u00ed. Pero vino a nacer hace 100 a\u00f1os el sue\u00f1o de construir una mansi\u00f3n de invierno que preservara el ecosistema de los manglares\u00a0 que le hospedaban La quiso en la mitad de la selva, (en lo que hoy es Coconut Grove), lejos de las heladas Paris, Chicago, New York, donde Mr. Deering ten\u00eda sus negocios. A la bah\u00eda, la casa y los jardines italianos anexos les impuso el nombre de <em>Biscaya<\/em>. De los primeros <em>early birds, <\/em>talvez, Mr. Deering.<\/p>\n<p>Aconsejado por Mary Brickell, propietaria de aquellos humedales, encarg\u00f3 los asuntos de la construcci\u00f3n a un dise\u00f1ador neoyorquino con quien parti\u00f3 hacia Europa para conocer los mejores ejemplos de la arquitectura cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-3205 aligncenter\" src=\"http:\/\/noti-america.com\/site\/us-ny\/wp-content\/uploads\/sites\/12\/2019\/02\/press-room-300x110.jpg\" alt=\"\" width=\"714\" height=\"262\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero la entrega del proyecto, inspirado finalmente en la veneciana <em>Ca\u2019 Rezzonico<\/em>, que preve\u00eda la llegada por mar con sus embarcaderos de estilo <em>serenissimo<\/em> y sus enormes g\u00f3ndolas en piedra coralina, tard\u00f3 m\u00e1s de lo debido, aunque el arquitecto <em>Paul Chalfin <\/em>hab\u00eda empleado m\u00e1s de mil trabajadores en la obra. La culpa de los retrasos la tuvieron los acabados que ven\u00edan directamente de los pa\u00edses europeos que atravesaban en ese entonces los disturbios de la primera guerra mundial. Las demoras le alargaron la vida a Mr. Deering, a quien la impunidad de la muerte alcanz\u00f3 poco despu\u00e9s de haber estrenado su nueva casa en 1925.<em> (Tour, Pedro Medina Le\u00f3n).<\/em><\/p>\n<p>Los sucesivos huracanes desquiciaron lo elaborado con cuidado renacentista para convertirlo en museo. Que tambi\u00e9n es un buen final.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si la mar se seca Extracto Bit\u00e1cora 23 Bah\u00eda de Vizcaya. Miami. &nbsp; Tenemos el conocimiento innato. Nuestra alma ha viajado tanto que todo lo ha visto y por eso todo lo reconoce. 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