Las rarezas de Austin Por: Xiomary Urbáez. Periodista-Escritora

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Las rarezas de Austin

Por: Xiomary Urbáez. Periodista-Escritora

 

Austin, la capital de Texas, está ubicada en el centro del estado. Es una ciudad rodeada de ríos, lagos y suaves colinas. Un fuerte contraste con las praderas llanas de sus alrededores, donde las florecillas de variados tonos lucen como cuadros pintados por impresionistas.

Entre ellas destacan las silvestres lupinus texencis comúnmente llamadas bluebonnets, flor oficial del estado de Texas, desde 1971. Su nombre también se asocia al romántico sombrero femenino en forma de campana, con una visera y atado en la barbilla que se usó a comienzos del siglo XIX.

Como ciudad universitaria Austin tiene una vibra bohemia y excéntrica que enamora. Keep Austin weird (mantengamos la rareza de Austin) es un eslogan que le va de maravilla. La ciudad, con su sobrio Capitolio y amplias avenidas combina historia, modernidad, urbanismo, naturaleza y misticismo en atrayente armonía.

Los restaurantes, cafés y bares con terrazas y talento vivo son perfectos para relajarse después de una excursión, un paseo en bicicleta o una sencilla caminata por los innumerables parques y colinas. Las rutas de senderismo del monte Bonell localizado en las afueras son interesantes. Para coronar la cima hay que subir ciento dos (102) escalones de piedra. La puesta del sol con los rascacielos del centro de la ciudad como telón de fondo es un premio excepcional.

Quedé enamorada de la cantidad de deportes acuáticos que se practican en el río Colorado, cuyo circuito atraviesa el centro de la ciudad y forma balnearios y albercas naturales con estacionamientos y demás facilidades, para el disfrute de propios y visitantes.

Han pasado siglos desde que en la orilla del visitado manantial Barton, los misioneros franciscanos instalaron sus misiones (1730). Los frailes usaron el respeto de las tribus por el mágico lugar, para crear un sincretismo religioso que facilitó la evangelización de los grupos Comanche, Tonkawa y Lipán.

Todavía hoy, la ladera empinada y cubierta de hierba que rodea a la piscina natural (cuyo nombre rinde homenaje al solitario explorador William Barton), recibe a ejecutivos, amas de casas, niños o estudiantes dispuestos a disfrutar del agua pura, fría y -a decir de muchos- de sagrado pasado.

Los rituales acuáticos ancestrales siguen practicándose, tanto de día como en las noches de luna llena. Igual que en el pasado los modernos habitantes siguen en la búsqueda de alegría, purificación, sanación o simple distracción. Mientras tanto, Austin sufre cambios políticos, sociales y económicos que la van moldeando como una de las capitales estatales con mayor crecimiento.

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