Esposados a la camilla: migrantes reciben trato de delincuentes en hospitales de EE. UU.
Rom Rahimian, estudiante de Medicina que trabaja en el Centro Médico Banner-University en Tucson, Arizona, intentaba ayudar hace poco a una mujer guatemalteca de 20 años que fue encontrada en el desierto deshidratada, embarazada y en labores de parto prematuro. Pero los agentes de la Patrulla Fronteriza que estaban en la habitación del hospital complicaban el trabajo de Rahimian.

Fuente: https://www.nytimes.com
Se quedaron en el ala obstétrico-ginecológica mientras los doctores intentaban detener el parto prematuro. Rahimian dijo que estuvieron presentes durante todas las revisiones médicas a la mujer guatemalteca, escuchaban las conversaciones entre los doctores y revisaban los ultrasonidos.
Añadió que prendían a un volumen alto la televisión cercana a la camilla de la mujer, lo que interfería con sus horas de sueño. Cuando los agentes empezaron a presionar al personal del hospital para que dieran de alta más rápido a la mujer, para llevarla a un centro de detención migratorio, los médicos intervinieron.
“Era como una carrera contrarreloj para ver si podíamos encontrarle cualquier otra situación”, dijo Rahimian. Llamó a un abogado y le preguntó: “¿Qué podemos hacer? ¿Cuáles son sus derechos?”.
Conforme aumentan las detenciones de personas en la frontera suroeste de Estados Unidos y decenas de esos migrantes que diariamente son llevados a hospitales de la zona, los profesionales de la medicina están pronunciándose en contra de ciertas prácticas de agencias del gobierno o de los hospitales. Denuncian que las medidas ponen en peligro a los pacientes o socavan las promesas para mejorar el cuidado de salud de las personas migrantes.
Los problemas que han criticado van desde esposar a los pacientes a las camillas y no dejarles usar los sanitarios hasta ejercer presión contra los médicos para que den de alta a los pacientes con demasiada celeridad o para que les den certificados que digan que los pacientes migrantes pueden ser internados en centros de detención. Los doctores afirman que no pueden realizar seguimiento de cuidado para quienes están detenidos por mucho tiempo y que los han frenado de darles información a familiares respecto al estatus de pacientes gravemente enfermos. Los proveedores de servicios médicos también indican que los vehículos de las agencias migratorias estacionados muy visiblemente a las entradas de hospitales generan temores e interfieren con el cuidado general de las personas migrantes.
Los expertos médicos dicen que los pacientes que más tienden a revisar son solicitantes de asilo recién llegados a territorio estadounidense, como la mujer guatemalteca embarazada que estaba en Tucson mientras buscaba refugio y había huido de abusos violentos por parte del padre del bebé. Esos pacientes, que casi siempre están bajo custodia por su estatus migratorio, son sujetos a medidas de seguridad pensadas para personas que han cometido delitos graves. En el caso de la guatemalteca, el personal de Banner persuadió a los oficiales fronterizos para que fuera transferida a un centro de cuidados auxiliares gestionado por voluntarios.
“A los doctores, que tenemos la obligación moral y ética de cuidar a los pacientes, nos impiden activamente la realización de las prácticas médicas como nos capacitaron para hacerlas”, dijo Kathryn Hampton, directora de programas en Physicians for Human Rights, grupo de defensa sin fines de lucro. En un reporte reciente, el grupo documentó varios casos en los que aseguran que el cuidado de la salud se vio comprometido por las medidas de seguridad para los migrantes.
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Un agente de la Patrulla Fronteriza está sentado afuera de la habitación donde estaba hospitalizado un menor de edad en Banner Health, Arizona, el 9 de junio. Credit Deanna Alejandra Dent para The New York Times
Representantes de las dos principales agencias encargadas de detener a los migrantes —la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), que opera directamente en la frontera, así como el Servicio de Inmigración y control de Aduanas (ICE), que supervisa las detenciones a largo plazo— rechazaron solicitudes para discutir este tema. Al ser contactados, apuntaron hacia los estándares de supervisión de las personas que están detenidas y hayan sido llevadas a centros médicos comunitarios.
Los estándares de la CBP establecen que por lo menos un agente debe estar acompañando a la persona migrante detenida y que si es hospitalizada deben “seguir los procedimientos operativos”. Para ICE hay otros lineamientos que requieren que los oficiales de custodia transporten a los detenidos para algún tratamiento fuera de las instalaciones y que se queden con esas personas.
También los centros de salud prevén políticas que varios médicos calificaron como problemáticas. El centro Banner de Arizona, por ejemplo, tiene una regla general que aplica tanto para personas detenidas por migrar como para quienes están arrestados por delitos graves. No se les permite ir al sanitario, requiere que dos extremidades siempre estén amarradas a la camilla a menos que los doctores lo desaconsejen, les da a los agentes policiales el poder discrecional de decidir si las madres pueden visitar a su infante recién nacido y además obliga a los oficiales a quedarse con los pacientes.
En respuesta a las quejas del personal médico, los administradores en el Centro Médico Banner-University de Tucson programaron una reunión con los directores de la Patrulla Fronteriza en ese sector de Arizona para asegurarse de que se establecieran “políticas vigentes que enaltecieran los estándares más altos para el cuidado de los pacientes, su seguridad y su privacidad”, según dijo en un correo Rebecca Armendáriz, la directora de relaciones públicas del centro. Banner Health tiene veintiocho hospitales en seis estados de Estados Unidos, y la política que implementen en Arizona será aplicable para todos.
Samantha Varner, ginecobstetra
Patricia Lebensohn, médica familiar que está entre quienes pidieron cambios a las políticas, dijo que la supervisión constante de algún agente en la habitación “tiene sentido si es un prisionero sentenciado por un homicidio, pero esta población es distinta, sobre todo los solicitantes de asilo”. Añadió: “No son criminales”.
Por lo general, los doctores comentaron que los agentes que acompañan a los migrantes son amables y respetuosos, pero hay excepciones preocupantes. El año pasado en Texas un paciente con cáncer fue llevado a un hospital público y acompañado por dos guardias de GEO Group, contratista privado que dirige el centro de detención de migrantes en el que estaba el paciente. Los médicos empezaron a notar que los guardias estaban compartiendo lo que escuchaban de las conversaciones entre el paciente y los doctores a alguien externo al hospital; el paciente les dijo que temía hablar en frente de los agentes, que se rehusaban a salir durante las revisiones.
El hombre estaba esposado a la camilla por sus tobillos, sus muñecas y su cintura; la piel de su espalda empezó a mostrar úlceras. Los médicos comentaron que se sintieron intimidados e impotentes.
Los doctores también han dicho que les preocupan particularmente los migrantes menores de edad que ya están en custodia de la Patrulla Fronteriza. En el centro de Tucson, una estudiante de Medicina dijo que vio cómo un agente armado se quedó mirando a una madre adolescente mientras amamantaba a su hijo. “El agente estaba sentado justo enfrente de ella, solo viendo su pecho”, contó la estudiante, Claire Lamneck. Dijo que el oficial se rehusó a salir de la habitación hasta que otro doctor lo instó a darle privacidad a la migrante de 15 años.
Además, el miedo entre algunas personas a que haya redadas migrantes en centros de cuidado médico ha tenido efectos en la atención hospitalaria. Una médica de Texas, Amelia Averyt, testificó ante la Legislatura estatal que un paciente —migrante que ya vivía desde hace tiempo en el estado— estaba tan petrificado de encontrarse con agentes migratorios en un hospital que retrasó hacerse revisiones después de un derrame cerebral y que por ello no recibió medicinas que habrían prevenido daños permanentes en su cerebro.
Los oficiales migratorios no solo acompañan a los pacientes al hospital; ha habido casos en los que detienen a migrantes cuando van a un centro médico, a pesar de una política federal que indica que las instalaciones para cuidado de la salud deben tratarse con sensibilidad. En el centro Banner de Tucson hubo un caso de arresto, de un hombre mexicano que recibía tratamiento por una mordida de serpiente.
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