La inteligencia artificial en las escuelas: para qué la usan los docentes y cómo cambió la forma de evaluar a los alumnos

NOTI-AMERICA.COM | ARGENTINA

La inteligencia artificial está modificando el trabajo de los docentes y su relación con los estudiantes. Lo que comenzó como una preocupación por el uso de ChatGPT para resolver tareas ahora plantea nuevos desafíos: cómo aprovechar estas herramientas para enseñar y de qué manera comprobar que los alumnos realmente aprendieron los contenidos que presentan en sus trabajos.

El debate evolucionó durante los últimos años. Las primeras resistencias estaban relacionadas con la posibilidad de que los estudiantes dejaran de realizar sus actividades por sus propios medios. Hoy, algunos profesores utilizan inteligencia artificial para planificar clases, adaptar materiales y preparar evaluaciones. Y a la vez aparecen herramientas especializadas que ofrecen funciones para analizar el desempeño académico y colaborar en las correcciones.

La incorporación de la IA también avanzó en las políticas educativas. En agosto de 2026, la Ciudad de Buenos Aires incorporó contenidos obligatorios sobre inteligencia artificial y protección digital en las escuelas primarias y secundarias. La medida contempla una enseñanza gradual, con actividades adaptadas a las distintas edades y un enfoque centrado en el uso crítico y responsable de la tecnología.

Sin embargo, su aceptación y utilización todavía presentan diferencias. Profesores y especialistas consultados por TN Tecno compartieron sus experiencias sobre los cambios que observan en las aulas, las posibilidades de estas herramientas y las preocupaciones que persisten.

Del rechazo a ChatGPT a su incorporación en las aulas

Para Roberto Sahagún, docente de Historia en nivel secundario en una escuela privada de Ciudad de Buenos Aires, las primeras resistencias a la inteligencia artificial estuvieron relacionadas con el temor a que su uso afectara uno de los objetivos de la enseñanza: desarrollar el pensamiento crítico de los estudiantes a partir de la lectura comprensiva: “La posibilidad de simplificar determinadas actividades generaba dudas sobre cómo los alumnos construirían sus propios conocimientos”, explicó a TN Tecno.

“Con el paso del tiempo surgió la necesidad de desarrollar nuevos dispositivos de colaboración que permitieran evaluar el proceso de aprendizaje”, agregó. Sahagún considera además que la IA puede resultar incómoda para los docentes porque los obliga a salir de su zona de confort, aunque actualmente observa una discusión orientada a compatibilizar su utilización con una resignificación de la tarea docente.

Daniela Buján, emprendedora especializada en tecnología educativa y cofundadora de Auroria, una plataforma argentina de inteligencia artificial pedagógica, también identifica un cambio de etapa. Según recordó, al principio las escuelas oscilaban entre prohibir ChatGPT o permitir su utilización sin establecer demasiadas condiciones, mientras que las principales preocupaciones estaban relacionadas con las tareas de los alumnos y la posibilidad de que los profesores perdieran el control sobre su trabajo.

Actualmente, Buján considera que la discusión es más madura, porque tanto estudiantes como docentes ya utilizan estas herramientas: “Las escuelas deberían desarrollar programas de incorporación de IA que incluyan capacitación, políticas institucionales y una selección de herramientas basada en criterios pedagógicos”,

Actualmente, Buján considera que la discusión es más madura, porque tanto estudiantes como docentes ya utilizan estas herramientas: “Las escuelas deberían desarrollar programas de incorporación de IA que incluyan capacitación, políticas institucionales y una selección de herramientas basada en criterios pedagógicos”, afirmó.

La experiencia de Melania Junges, profesora de Biología y Filosofía de la Ciencia y la Tecnología en escuelas secundarias estatales de la Ciudad de Buenos Aires, muestra que las resistencias todavía están presentes: “Entre los docentes existe un rechazo importante relacionado con el desconocimiento y las preocupaciones sobre el uso que hacen los estudiantes de estas tecnologías”.

Junges contó a TN Tecno que durante este año participó en capacitaciones organizadas a partir de la incorporación de la IA a la currícula porteña. Las consideró muy básicas y aseguró que algunos de sus colegas se mostraron sorprendidos al conocer las posibilidades de estas herramientas. También mencionó las preocupaciones por los alumnos que las utilizan para resolver consignas sin siquiera leerlas y por los casos de manipulación de imágenes registrados en escuelas.

“A nivel personal, la IA es mi mejor colega”, contó Junges, que durante el último año aprendió a usar ChatGPT para organizar su trabajo y preparar actividades. La profesora considera que estas herramientas tienen una gran utilidad para resolver tareas administrativas y de planificación dentro del tiempo disponible para realizarlas.

Uno de sus principales usos es la adaptación de actividades a las características de sus diferentes cursos. Junges trabaja con aulas heterogéneas, en las que los estudiantes tienen distintos ritmos de aprendizaje, recurre a la IA para preparar propuestas que respondan a esas necesidades y también comenzó a explorar NotebookLM para trabajar con bibliografía y materiales de lectura.

En Ciencias Sociales, Sahagún mencionó aplicaciones como la elaboración de mapas conceptuales a partir de información previamente investigada por los alumnos. También señaló que estas herramientas pueden utilizarse para preparar mapas geográficos mediante consignas específicas y buscar información adicional.

Buján identificó otros usos relacionados con el ahorro de tiempo, como la generación de ejercicios, la preparación de materiales para diferentes niveles y la redacción de comunicaciones. Sin embargo, considera especialmente interesante la posibilidad de usar sistemas educativos de IA para identificar contenidos que generan dificultades, encontrar patrones de aprendizaje y ofrecer diferentes niveles de apoyo.

Cómo cambió la evaluación de los alumnos con la IA

La posibilidad de obtener respuestas completas mediante ChatGPT también modificó la manera en que algunos docentes comprueban qué aprendieron sus estudiantes. El problema aparece cuando un alumno entrega un trabajo correctamente elaborado, pero no puede explicar los conceptos que contiene.

Junges observa estas situaciones en sus clases de Biología: “En ocasiones encuentro respuestas que incluyen contenidos que no fueron trabajados en clase y que los estudiantes después no saben explicar. Por eso, comencé a incorporar actividades que requieren explícitamente el uso de inteligencia artificial, seguidas por consignas en las que deben desarrollar lo aprendido con sus propias palabras”.

La docente también incluye la posibilidad de una defensa oral de los trabajos. Según explicó, estas estrategias suelen ayudarla a reconocer si los alumnos comprendieron los contenidos, aunque admite que no siempre funcionan. Para ella, resulta importante aceptar que la herramienta existe y proponer actividades en las que los estudiantes tengan que hacer algo con la respuesta obtenida.

Por su parte, Sahagún considera que la evaluación debe concentrarse en el razonamiento y en las conclusiones a las que llegan los alumnos: “Para comprobar la comprensión de los contenidos, proponemos generar consignas que exijan vincular conceptos y retomar individualmente los temas trabajados, independientemente de que hayan utilizado inteligencia artificial”.

“Creo que tenemos que dejar de pensar que un producto terminado demuestra necesariamente aprendizaje”, planteó Buján. La especialista considera que el resultado final de una actividad ya no ofrece por sí mismo suficiente información sobre los conocimientos adquiridos, por lo que propone observar también cómo llegó el estudiante a una conclusión, qué decisiones tomó y si puede explicar o aplicar lo aprendido.

Esta propuesta incluye la posibilidad de permitir explícitamente el uso de inteligencia artificial durante determinadas evaluaciones. En esos casos, el docente puede analizar las preguntas que el alumno formuló a la herramienta, las respuestas que recibió, los errores que identificó y la información que decidió utilizar.

Buján también cuestiona que las escuelas concentren sus esfuerzos en detectar si un trabajo fue realizado con ChatGPT. Según explicó, las herramientas de detección pueden equivocarse y sus resultados no deberían utilizarse como única evidencia para tomar medidas contra un estudiante. Para la especialista, las instituciones deberían establecer reglas claras de utilización y diseñar evaluaciones que permitan demostrar comprensión.

¿Puede la inteligencia artificial corregir exámenes y poner notas?

La incorporación de estas tecnologías también empieza a alcanzar el proceso de corrección. Los modelos de inteligencia artificial pueden analizar respuestas escritas, compararlas con criterios previamente establecidos y proponer calificaciones, aunque su capacidad para reproducir los resultados de evaluadores humanos todavía presenta limitaciones.

Una investigación publicada el 24 de septiembre de 2026 en Frontiers in Education examinó el desempeño de ChatGPT, Gemini, LeChat y Kimi al corregir exámenes escritos de una maestría en salud pública. Los investigadores utilizaron las mismas pautas de evaluación que los examinadores humanos para comparar las calificaciones obtenidas.

ChatGPT fue el modelo que alcanzó el mayor nivel de coincidencia exacta con las notas asignadas por los evaluadores: el 50% de los casos. Cuando se aceptaron diferencias de hasta un grado en la escala utilizada, el acuerdo llegó al 90,6%. Sin embargo, al repetir las correcciones durante cinco días, los investigadores encontraron variaciones en los resultados.

El estudio concluyó que estos sistemas pueden resultar útiles como asistentes de evaluación supervisados, pero todavía no presentan la estabilidad necesaria para funcionar como evaluadores autónomos. La investigación se realizó con exámenes universitarios de una maestría y no permite establecer cómo funcionarían estas herramientas en todas las evaluaciones escolares.

En ese sentido, para Buján, una IA puede aportar información útil sobre las respuestas y el desempeño de los estudiantes, pero las decisiones educativas requieren considerar factores que la herramienta no necesariamente conoce. Entre las situaciones que, en su opinión, no deberían delegarse de manera autónoma, mencionó una calificación importante, una sanción por supuesto uso indebido de IA y las decisiones sobre la trayectoria escolar.

La especialista también destacó las posibilidades de utilizar estas tecnologías para realizar un seguimiento más personalizado del aprendizaje. “En Auroria, por ejemplo, trabajamos con perfiles que reúnen información de conversaciones, evaluaciones y autoevaluaciones para identificar posibles dificultades, situaciones de falsa confianza o capacidades que podrían pasar inadvertidas”. Su planteo es que estos datos funcionen como señales para los docentes, sin que el sistema etiquete a los estudiantes ni tome decisiones por ellos.

Maria Valentina Noguera Medina

Periodista - noti-america - Promar Community Manager - Talento Plus Diseñadora/ creadora de contenido...

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