Por qué el frío no provoca resfríos pero puede intensificar infecciones respiratorias

NOTI-AMERICA.COM | CHILE
Un día la temperatura supera los 20° con un sol radiante y al siguiente regresan las nubes, la lluvia y el frío.
Esta inestabilidad climática, habitual en gran parte del país debido al fenómeno de El Niño, no solo complica la elección diaria del vestuario, sino que también desencadena un aumento notable en las consultas por infecciones respiratorias y resfríos.
Ante esta realidad, surge una duda frecuente: ¿los cambios bruscos de temperatura nos enferman directamente?
Cómo reacciona el organismo al clima
Noelia Barrera Páez, magíster y docente de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello (UNAB), aclara que los cambios de temperatura por sí solos no generan enfermedades virales como la influenza, el resfrío común o el COVID-19, ni tampoco reducen de forma generalizada las defensas del cuerpo.
“El cuerpo regula su temperatura mediante un proceso denominado termorregulación, coordinado principalmente por el hipotálamo. Ante el frío, los vasos sanguíneos de la piel se contraen para reducir la pérdida de calor y pueden aparecer escalofríos. En ambientes calurosos, en cambio, el organismo favorece la eliminación de calor mediante la sudoración y la dilatación de los vasos sanguíneos”, explica la académica.
Sin embargo, las condiciones ambientales sí facilitan los contagios. El aire frío y seco irrita las vías respiratorias y altera sus mecanismos de defensa locales. Además, durante las jornadas frías la población tiende a permanecer más tiempo en espacios cerrados y con poca ventilación, un escenario propicio para la circulación de virus. En personas con asma o Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), el aire frío puede desencadenar broncoespasmos incluso sin una infección previa.
Grupos de mayor riesgo y precauciones
Aunque la adaptación térmica es un proceso natural, la exposición prolongada a extremos de frío o calor exige un esfuerzo adicional que resulta crítico en poblaciones vulnerables:
Lactantes y niños menores de 2 años: tienen un sistema de termorregulación menos eficiente y las infecciones pueden evolucionar con rapidez.
Personas mayores: presentan menor capacidad de adaptación térmica. El frío incrementa la vasoconstricción y la carga de trabajo del corazón, lo que puede agravar cuadros de hipertensión, insuficiencia cardíaca o cardiopatías.
Pacientes crónicos e inmunocomprometidos: requieren seguimiento estricto de sus tratamientos médicos sin realizar modificaciones por cuenta propia.
Recomendaciones prácticas para la prevención
Para aminorar el impacto de los vaivenes del tiempo, la especialista de la UNAB entrega las siguientes medidas fundamentales:
Estrategia al vestir: Vestirse en capas para adaptar la ropa según varíe la temperatura durante el día, evitando tanto el enfriamiento como el sobreabrigo.
Hábitos de higiene y ventilación: Ventilar diariamente los espacios cerrados, lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser o estornudar y usar mascarilla si existen síntomas respiratorios.
Cuidado infantil: Promover la lactancia materna, mantener ambientes libres de humo, asistir a los controles al día y cumplir con el calendario de vacunación.
Protección a adultos mayores: Mantener una temperatura ambiental confortable, utilizar calefacción segura y realizar un acompañamiento frecuente a quienes viven solos.
Vacunación al día: Mantener las inmunizaciones indicadas por el Ministerio de Salud (Influenza, COVID-19, Neumococo y la inmunización contra el Virus Respiratorio Sincicial – VRS en lactantes elegibles).



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