Los padres de Andy Rocchelli: «Llevamos 12 años esperando justicia»

El asesinato del italiano durante la guerra del Donbás sigue sin veredictos judiciales
Cuarenta fotos: las últimas de su vida terrenal, relatan la misma cantidad de minutos bajo un inesperado fuego ucraniano. El acto final, antes de ese impacto de mortero, desproporcionado para quien como mucho sostiene una cámara fotográfica. Andy Rocchelli fue asesinado hace más de doce años, a los 31 años, el 24 de mayo de 2014 —era el cumpleaños de su hijo— junto a su colega Andrej Mironov. Por poco muere también el francés William Roguelon, quien resultó herido. «Pedimos verdad y justicia —dicen al medio italiano Avvenire los padres, Rino Rocchelli y Elisa Signori—. Y lo seguiremos haciendo mientras estemos vivos». También tenían esperanzas en la Cancillería italiana (Farnesina), a la que habían pedido el fin del «desentendimiento político que caracteriza el caso».
Ha pasado un año, pero no hay respuesta. Sin embargo, para los padres, los lazos de amistad entre Roma y Kiev podían favorecer eventuales aperturas por parte de Ucrania, fundamentales en un momento en que la investigación «Bis» corre el riesgo de ser archivada, dada la imposibilidad de entregar la notificación de acusación al general Bogdan Matkivskyi.
Él era el comandante del pelotón de la Guardia Nacional que operaba en la colina de Karachun, en ese entonces superior del sargento italo-ucraniano Vitaly Markiv. Este último fue absuelto el 3 de noviembre de 2020, tras haber admitido: «Disparábamos contra todo lo que se moviera».
Sobre la investigación «Bis» —seguida por la abogada Alessandra Ballerini, quien también acompañó el primer juicio—, la decisión debía tomarse el 30 de junio en Pavía, pero la audiencia se pospuso para el 17 de noviembre. Otro obstáculo: la imposibilidad de utilizar nueve testimonios, entre ellos los del propio Matkivskyi y de algunos militares presentes en la colina.
En realidad, la misma resolución que absuelve a Markiv habla de una acción militar contraria al derecho internacional, dados los ataques contra civiles y la falta de distinción entre objetivos civiles y militares.
Es aquí donde se concentra la petición de la familia Rocchelli, siempre sensible al drama que vive la población ucraniana, sin olvidar la historia de su hijo Andy. «Lamentablemente, el caso se transformó en un asunto de Estado —recuerdan Rino y Elisa, reconstruyendo el primer juicio—. En la sala se había creado una atmósfera tensa y pesada, con figuras destacadas del Estado ucraniano ocupando las primeras filas».
Del otro lado —recuerdan— solo estaba «la causa de un hombre al que le gustaba observar y contar la realidad». Una tendencia puesta de manifiesto en el portafolio del fotorreportero, en parte reunido en el libro fotográfico El valor del testimonio (Contrasto Books).
Sus fotografías, desde el Cáucaso hasta el sur de Italia, documentan la vida de los pobres; aquellos a quienes Eduardo Galeano llamaba nadies, es decir, «los hijos de nadie, los dueños de nada».
Andy no estaba allí por la guerra, sino por el efecto que la guerra tenía en los más vulnerables. Sin embargo, a esta dimensión humana le cuesta encontrar espacio allí donde —denuncian los padres— «la emergencia bélica en curso ha polarizado las posiciones».
En los próximos días se estrenará un documental producido por Storyfarm para mantener la atención puesta en el caso.
Estefano Tamburrini / Avvenire
