La fuga de trabajadores venezolanos prende alarma laboral en Chile Por: Braulio Jatar Alonso
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La fuga de trabajadores venezolanos prende alarma laboral en Chile
Por Braulio Jatar Alonso / Noti-America.com
Chile empieza a enfrentar un fenómeno que hasta hace poco parecía improbable: la salida progresiva de trabajadores venezolanos de su mercado laboral.
No hay todavía una estampida ni un retorno masivo comprobado. Pero los datos recientes muestran una tendencia. Según el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, la fuerza laboral venezolana en Chile viene bajando y esa disminución podría sentirse en sectores donde esa comunidad tiene alta presencia.
El informe del OCEC-UDP registró que, al trimestre septiembre-noviembre de 2025, la fuerza laboral venezolana alcanzaba 510.740 personas, equivalente al 5% de toda la fuerza laboral del país. En 2017 representaba apenas el 0,4%.
La baja ya aparece en las cifras. Los ocupados venezolanos pasaron de 491.321 en septiembre-noviembre de 2024 a 466.204 en el mismo trimestre de 2025. Es una caída anual de 5,1%. En el mismo período, la tasa de desempleo de venezolanos subió de 6,8% a 8,7%.
BioBioChile, citando cifras de la Encuesta Nacional de Empleo del INE analizadas por la UDP, informó que en el trimestre enero-marzo de 2026 la cantidad de venezolanos que trabajan o buscan empleo cayó 5,4% respecto del mismo período del año anterior. La baja acumula cinco trimestres consecutivos.
El perfil de quienes salen del mercado laboral chileno también importa. La reducción se concentra principalmente en personas con menos de cinco años de residencia en Chile. Ese grupo explica el 80% de la disminución. Son mayoritariamente hombres, solteros, menores de 35 años y con educación superior completa.
La prensa chilena vincula parte de esta salida con el nuevo escenario político venezolano, la expectativa de retorno y el endurecimiento de la política migratoria en Chile. El propio informe de la UDP advierte que, si la situación en Venezuela muestra una mejoría relevante, hasta un 60% de la fuerza laboral venezolana podría emigrar de Chile en el corto plazo.
Ese impacto no sería menor. Si se fuera el 60% de esa fuerza laboral, la fuerza laboral total chilena caería cerca de 3%, bajo igualdad de condiciones.
Los sectores más expuestos están a la vista: comercio, alojamiento, servicios de comida, delivery, transporte menor, hoteles, estaciones de servicio, garzones, recepcionistas, técnicos, mecánicos, cosmetólogos y servicios personales. En el caso de los conductores de motocicletas asociados al delivery, el 61,1% son venezolanos, según el informe de la UDP.
Chile enfrenta una contradicción práctica. Por una parte, endurece su discurso migratorio. Por la otra, parte de su economía cotidiana depende de trabajadores extranjeros que ocuparon espacios donde el mercado local no tenía suficiente oferta o disposición.
Ordenar la migración es legítimo. Pero ordenar no es destruir capital humano. Regularizar, fiscalizar y sancionar abusos es distinto a empujar fuera del sistema a quienes trabajan, pagan arriendo, cotizan, consumen y sostienen familias.
La salida venezolana no solo puede verse en aeropuertos o trámites de retorno. Puede sentirse en la demora de un delivery, en la falta de garzones, en turnos de hoteles, en comercio, en servicios técnicos y en oficios urbanos que durante años sostuvieron una parte silenciosa de la economía chilena.
Chile ya recibió el aporte de los venezolanos. Ahora empieza a medir el costo de perderlos.
