Jovencitas adictas en el olvido institucional

Aunque los varones adolescentes en la isla corren más riesgos de uso de sustancias ilegales, la realidad es que la tendencia del consumo de drogas en las niñas también es alarmante. Y lo que es peor, a diferencia de los nenes, para ellas no hay muchas opciones de tratamiento de rehabilitación.

En Puerto Rico, más de 40,000 jóvenes entre los 12 y 17 años han usado drogas alguna vez en su vida, según el estudio de Consulta Juvenil que realiza la Administracion de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca).

Y de éstos jovencitos casi 14,000 son féminas que se introducen al horroroso mundo de las drogas experimentando con pastillas no recetadas (Xanax, percoset, etc), marihuana, inhalantes, cocaína, heroína, crack y drogas de diseño.

El panorama para estas niñas adictas se complica aún más considerando los pocos servicios de tratamiento que hay dirigidos para esta población, tal como denunció a este diario una madre que lleva cuatro años tratando de rescatar a su hija adolescente de la adicción que creó desde los 13 años a drogas como la marihuana, cocaína y el ácido.

La señora ha tocado puertas. Pero las ayudas prácticamente han sido a medias pues consisten en tratamientos parciales de una semana, cuando la realidad es que un adicto necesita ser internado por lo menos un mes en un centro de rehabilitación para controlar su vicio y lograr la abstinencia.

Así lo detalló a Primera Hora el siquiatra Argelio López-Roca, un veterano en el tema que lleva 30 años trabajando con niños y adolescentes, muchos de ellos usuarios de drogas o transgresores que cumplen sus faltas en alguna institución juvenil correccional.

“Esa madre tiene razón. Aquí no hay programas residenciales dirigidos a las niñas que tienen problemas de adicción porque los que hay, realmente, o son de varones o admiten solo adolescentes que llegan por programas de desvíos, probatorias, que cumplen detención o que pertenecen al Departamento de la Familia. Y eso es muy triste porque se trata de un problema silente del que nadie quiere hablar”,  dijo el galeno.

Como ejemplo, mencionó que trabajó durante siete años para el programa de Servicios de Tratamiento Residencial para Adolescentes (SeRA) de Assmca, y allí no se admiten niñas.

De hecho, Julia Delgado, de la Administración Auxiliar de Prevención y Promoción de la Salud Mental en Assmca, admitió que la agencia ha tenido que limitar sus servicios de niños y jóvenes que se llevaban a cabo con fondos federales que se dejaron de recibir.

“No tenemos disponible unos fondos que el Gobierno Federal entendía que se pagaban en exceso y eso nos ha llevado a limitar unos servicios de tratamiento”, indicó.

Mientras, López-Roca expresó que entre los hospitales que sí pueden considerar a las nenas está el Panamericano pero es con plan médico privado “y aún así es bien difícil la aprobación del proveedor de salud”.

“En Puerto Rico las niñas cuyo problema primario son las sustancias, lo único que tienen a su disposición son hospitalizaciones de cinco días y eso es muy poquito. Todo esto requiere un término de supervisión intensiva de por lo menos tres meses y eso aquí en la isla no lo hay. Las personas tienen que irse a Estados Unidos, y es solo si tienen el dinero porque los tratamientos pueden salir hasta en $30,000”, expresó.

De otra parte, el siquiatra explicó que el tratamiento en niñas adictas es diferente al de varones precisamente porque los casos se dan en escenarios diferentes.

Dijo que muchas de las jovencitas se inician en el abuso de sustancias mientras experimentan una transición dramática en la etapa de pubertad.

“Con ese cambio hormonal, el índice de enfermedades de trastorno del ánimo aumenta. Además, muchas comienzan a ver cambios en sus cuerpos y se sienten insatisfechas con su apariencia. Entonces, al ver que las relaciones afectivas cambian eso las pone en mayor presión social que al varón y las pone vulnerables a buscar refugio en pastillas, alcohol y por ahí sigue aumentando el riesgo de abuso de todo tipo de sustancias”, detalló.

Dijo que no “hay soluciones o pastillitas mágicas”, pero sí hay esperanza para que una niña adicta se abstenga de utilizar drogas.

“Nunca se pierde la esperanza. Y esto va más allá de un hecho de voluntad. Es procurar el apoyo total del núcleo familiar, es buscar el ambiente adecuado, es buscar el tratamiento adecuado. Pero vuelvo, aquí el gobierno tiene que trabajar”, dijo.

Agregó que los políticos deben analizar las consecuencias nefastas a las que puede llegar una niña adicta a drogas y el efecto dominó que genera la situación pues “muchas comienzan a delinquir y caen víctimas de explotación infantil a través de la prostitución o el trasiego de drogas pues es la única forma de generar dinero para poder satisfacer su vicio… y eso ya existe en Puerto Rico, desgraciadamente”.

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