La niña en la maleta: crimen sin castigo en infernal Huancayo

Hace poco más de un mes, el hallazgo del cadáver de una niña dentro de una maleta estremeció a El Tambo, en la provincia de Huancayo, Junín. No hay hasta ahora ni un solo detenido. Por el contrario, después del atroz caso, una serie de crímenes e historias de violencia contra niños y mujeres han salido a la luz en una ciudad que no encuentra paz ni justicia.

– La niña Edith –

Diez horas de fallecida tenía la pequeña Edith cuando los peritos de Criminalística retiraron su cuerpo de una maleta con ruedas, desplegable y nueva. Era la 1:15 a.m. del último día del 2016 en el pasaje Campos, en El Tambo, Huancayo.

La niña de 8 años llevaba puesto lo que más le gustaba: una casaca rosada brillosa y un polo de algodón con estampado. Tenía solo un zapato; alrededor del cuello, el rasgo reciente de la soguilla que debía haber estrangulado su inocencia. En las primeras horas del nuevo año, un médico legista constató que también había sido ultrajada.

Edith vivía a unos 50 minutos en bus del lugar donde la hallaron muerta. Compartía una habitación con sus tres hermanos y su madre, Gudelia Quincho Fernández, dentro de un corralón ubicado en el barrio de Ocopilla, el sector más pobre de Huancayo. Todas las mañanas, antes de ir juntos al colegio, la niña y sus hermanos salían de allí hacia el comedor popular San Pablo para tomar desayuno. Después de volver de clases, iban al mismo sitio a almorzar.

Los cuatro juntos pasaban el día solos mientras Gudelia trabajaba escogiendo granos en el sector Cerrito de la Libertad. Nunca se desplazaban más allá de la barricada de piedras que marcaba los límites del corralón. Las vecinas de Gudelia dicen que los niños sabían bien del peligro enquistado en Ocopilla por la presencia de alcohólicos y delincuentes.

Lo que nadie conocía es qué ocurría con los hermanos dentro de la precaria vivienda en las noches que Gudelia llegaba acompañada de su pareja. “La mayorcita mencionaba siempre que lo odiaba. Solo lo veíamos irse de madrugada”, dicen algunas mujeres de la zona. Ellas solo lo identificaban como Félix, un sujeto menor que Gudelia y dedicado también a escoger granos.

El sábado 30 de diciembre, Edith fue con su mamá a la clausura del año escolar en el colegio San Francisco de Asís, donde había concluido el primer grado de primaria. Luego de una ceremonia corta, Gudelia se percató que les faltaba devolver dos libros al plantel. En seguida, ordenó a la niña que vaya a su vivienda a recogerlos. Según declaró Gudelia a la policía, Edith recogió los textos y, de regreso a la escuela, desapareció.

La niña tuvo que recorrer unas 15 cuadras de la avenida Prolongación Piura, cruzar un puesto policial abandonado desde hace dos años, dos cantinas y los primeros grupos de alcohólicos que acoge esa arteria a partir del mediodía. Sola, sin que nadie a su lado pueda siquiera gritar por ayuda. A Gudelia la vieron horas después lavando ropa en su casa.

Lo más extraño del caso, hasta ahora, es que agentes de Homicidios hallaron en el cuarto de la niña los libros que supuestamente llevaba cuando la secuestraron. Un vecino de Gudelia, citado a declarar el mismo día que Félix, informó a El Comercio que lo notó muy nervioso y esquivo. Desde entonces nadie ha vuelto a verlo por Ocopilla.

De acuerdo con el protocolo de necropsia, el asesinato de la niña ocurrió luego de las 3 p.m. del 30 de diciembre. Esa misma tarde, en una galería de la avenida Piura, en el centro de Huancayo, un hombre fue grabado comprando una maleta idéntica a la que encontraron con el cadáver de la menor dentro. Ninguno de los moradores ha reconocido plenamente al sujeto de casaca negra y jean que aparece en el registro. Algunos dicen que se parece a Félix, pero no están del todo seguros: “Es que solo lo veíamos de noche o en la madrugada, nunca a la luz del día”.

Más de un mes después del homicidio no hay ningún detenido. Algo que la población de El Tambo y Huancayo no comprende y repudia. (Foto: El Comercio)

La policía aún no puede dar con la identidad del sospechoso, ni siquiera vía homologación antropomórfica. Además, aún se analiza un video de seguridad que correspondería al momento en que la maleta es dejada. Ahí se observa cuando un taxi ingresa al pasaje Campos a las 12:10 a.m. del 31 de diciembre. Después, a las 12:59 a.m., llega una camioneta del Serenazgo. Quince minutos más tarde, lo hace la unidad policial con los peritos. La maleta habría sido llevada en el taxi.

La noche del velorio, en la Beneficencia de Huancayo, los hermanos de Gudelia culparon del homicidio al papá de Edith. “No quería saber nada de sus hijos. Hace poco, incluso, fingió su muerte para no pagar la manutención”, dijeron. Mientras un grupo lloroso cantaba bajito un huayno de Huancavelica, de donde provenía la familia, Gudelia contó que Edith soñaba con ser policía para encontrar a su padre.

Más de un mes después del asesinato no se ha emitido ni una orden de detención preliminar en contra de algún sospechoso, algo que la población de Huancayo no comprende y repudia. El miércoles 25 de enero, durante un plantón por la No Violencia en el centro de esa ciudad, el viceministro de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp), Mario Ríos Espinoza, lamentó que hasta ahora no haya resultados.

Para el presidente de la Junta de Fiscales de Huancayo, Marco Gutiérrez, todo apunta a un hombre cercano al círculo familiar de Edith. Él asegura que, aunque confía en el trabajo de la fiscal Nelly Camargo, a cargo del caso, podría someterla a un proceso de control interno en caso detecte negligencias o exceso del tiempo estipulado para las pesquisas. “Aún está en el plazo que corresponde”, dijo.

Gudelia y sus hijos se han mudado a la provincia de Chupaca. Viven en un lugar igual de pobre que Ocopilla, pero menos inseguro. El día en que la mujer retiraba sus pocas pertenencias del corralón, tenía una foto de la niña en manos. Cerraba los ojos y, en movimientos lentos, la besaba.

– Ciudades flageladas –
La conmoción que generó el asesinato de Edith acarreó un serial de historias de similar crudeza en El Tambo y sus alrededores. Algunas son misterios que rondan, y otras han estallado en finales escabrosos a lo largo del último mes.

En un campo cercano al lugar donde vivía Gudelia, un hombre de barba canosa señala la zona de Scorza y asegura que dos niñas fueron violadas hace poco allí. Su esposa, al escucharlo, pronto describe otro sector donde abunda el alcoholismo y que lleva un nombre por lo menos paradójico: Justicia, Paz y Vida. “Una adolescente abusada por su padre sigue a su suerte ahí desde noviembre”, dice la pareja.

Ni uno de estos casos ha sido reportado a las autoridades. Tampoco otro que involucra a una escolar del asentamiento humano La Victoria, donde abundan las cantinas y locales similares.

El 16 de enero de este año, personal del Departamento de Investigación Criminal (Depincri) de Huancayo capturó a Percy García Huamán, de 33 años, acusado por su esposa de haberse llevado hace cinco meses a su hija recién nacida. La mujer lo había denunciado por no querer asumir la manutención de la menor. Ante los detectives, García confesó que asfixió a la niña y la enterró en un descampado del anexo Aza, en El Tambo.

Una semana después, este Diario volvió a Ocopilla. Allí, una menor que cursa el quinto grado de primaria denunció que su padrastro, Miguel Ángel Villanueva Huaynate, de 32 años, la violó durante dos años. Hoy ella tiene un bebé de 20 días de nacido. La madre de la menor, Josy Porras Maraví, también víctima de ultrajes cuando era niña, reportó el caso en octubre. Hasta ahora, el Cuarto Despacho Fiscal de Huancayo no ha formalizado la denuncia. La casa donde Josy Porras vive con su hija, y ahora su nieto, está a solo dos cuadras del cuarto que ocupaba Gudelia y la pequeña Edith.

Ocopilla y las zonas pobres de Huancayo y El Tambo, al parecer, han escondido durante años diversos casos de abusos, así como el silencio de las víctimas (niños y mujeres, sobre todo). Una realidad que persiste pese a las cifras crecientes que registran las instituciones de protección a las poblaciones vulnerables.

– Cifras y alcoholismo –
El Área de la Mujer de la Municipalidad de El Tambo ha registrado, desde marzo del 2015 hasta la fecha, 45 casos de violencia familiar contra mujeres y siete que afectaron a niños. En tanto, la División de Familia de la Comisaría del distrito de Huancayo recibió en el 2016 unas 900 denuncias por violencia familiar en adultos y aproximadamente 150 que corresponden a niños.

En los Centros de Emergencia de Huancayo, que el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables implementó desde el 2014, la línea creciente de los casos de violencia sexual detectados contra niños, niñas y adolescentes incluyó 295 el primer año, 298 el 2015, y el año pasado cerró con 335.

También en el 2016 hubo seis feminicidios y 13 casos de tentativa. El primer caso del 2017, correspondiente a este rubro, ocurrió el jueves 26 de enero. Una mujer, identificada como Elizabeth Guerra Carbajal, de  43 años, fue hallada muerta dentro de un hospedaje. La Policía informó que antes de retirarse de la escena del crimen, un sujeto que se había identificado como John Leiva, en el hostal, envió un mensaje de texto a la hija de la víctima. Ahí detalló dónde había dejado a la mujer, ya muerta.

Según el Serenazgo de El Tambo, de 10 ocurrencias por violencia doméstica registradas al día, en promedio, cinco están relacionadas con personas ebrias. Casi siempre hombres. Una de las razones que explica esta situación es que muchos bares y cantinas de Huancayo se mudaron a esta localidad.

“Sería irresponsable nombrar una sola causa. El alcoholismo podría ser un factor que contribuya a la violencia, pero no un tema excluyente”, señaló el presidente de la Junta de Fiscales de Huancayo.

Para la jefa de la División de Familia de Huancayo, teniente PNP Elízabeth Altaniza,  además del alcoholismo asentado en las zonas pobres, la violencia doméstica y sexual contra los menores está marcada por el abandono de la figura materna del hogar. Además, por la extrema pobreza en las zonas rurales y el rol tolerante de la mujer ante un “machismo que siempre ha sido predominante” en Huancayo.

(Con colaboración de Junior Meza)

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