Ana María Polo: “Los argentinos son mis litigantes favoritos”

Su programa, Caso Cerrado, llegó tímidamente a la grilla de las tardes de Telefé, como tantos otros “enlatados” que llegan a probar suerte a la pantalla local. Pero la vehemencia y el carisma de Ana María Polo -la jueza que intenta mediar entre los litigantes que llegan a su corte- hicieron que su programa se transforme rápidamente en uno de esos “placeres culposos” que tan buenos resultados dan en materia de ratings.

En realidad, el show televisivo oriundo de Miami está a punto de cumplir 16 años al aire. Comenzó en 2001 como Sala de Parejas, un talk show dedicado a cuestiones amorosas emitido por la cadena Telemundo. Pero, para 2005, Polo sintió que era momento de abrir un poco más el panorama y no quedar reducidos a los conflictos de alcoba; así nació el formato que ya había sido probado en nuestro país –Forum, La Corte– y que da espacio al drama, la sorpresa, el romance y lo bizarro. Cualquier tipo de disputa, por disparatada que parezca, tiene su lugar frente al televisado juicio.

En diálogo con LA NACION, Polo reflexionó acerca del fenómeno Caso Cerrado, recordó los litigios que más la impactaron y no escondió sus ganas de trasladar su impredecible corte a estas latitudes.

-¿Cree que hay una universalización de las problemáticas que hace que el programa sea adaptable a cualquier país?

-La experiencia me ha dictado que eso es así. Caso Cerrado se hace aquí, en los Estados Unidos, y los participantes son principalmente latinos que viven en los Estados Unidos. Voy a cumplir 16 años haciendo el programa y, aparentemente, todo el mundo ha tenido problemas de pareja, problemas familiares ocasionados por el uso de la tecnología, problemas con la violencia de género, de corrupción, de un sinnúmero de cosas que nos pasan como seres humanos, sin importar las nacionalidades, el idioma, el acento, las costumbres o las tradiciones.

-En estos 16 años de programa, ¿cuáles son los casos más complicados, dolorosos o bizarros que recuerda?

-Bueno, tuve el caso de una chica que se quería casar con un muerto. En realidad, su novio se había muerto en un accidente cuando estaban a punto de celebrar su boda y ella quería casarse con él de todos modos. Me pareció muy bizarro, y además la participante me pareció muy genuina. Y he tenido tantos casos dolorosos… Recuerdo el de una niña de 12 años que quería demandar a su mamá; la pequeña quería regresar a México para morirse allí, con su familia, con su padre que no había visto en 9 años. Le habían diagnosticado un cáncer terminal y la madre la había traído a los Estados Unidos en busca del mejor tratamiento. Sin embargo, ella sabía que iba a morir y quería morir en su país. Ver a una criatura así, realmente me conmovió. Esos casos son sumamente dolorosos, complejos. Y hay mucho más; en total, deben ser unos cinco mil casos los que hemos tratado.

Desde hace 16 años, Polo intenta mediar en litigios de todo tipo
Desde hace 16 años, Polo intenta mediar en litigios de todo tipo. Foto: Gentileza Telefe

-¿Recibe devoluciones de las personas que participan de Caso Cerrado?

-Recibo muchísimos mails por día de gente que ha estado en el programa, que me cuenta cómo fue la vida después, cómo funcionó la solución, pero también de gente nueva que está pidiendo exponer su caso. Los correos son muy difíciles de manejar, porque son muchos al día.

-¿Nunca se aburre o pierde la capacidad de sorpresa?

-No, y creo que ese es el motivo por el que llego a cada día de grabación contenta y ansiosa por saber qué caso tendré que atender. Todavía no pierdo esa curiosidad por el conflicto humano y por cómo viene vestido, porque cada conflicto viene en su propio paquete.

-Usted tiene posturas muy claras sobre lo que está bien y lo que está mal, los prejuicios…

-Trato de tener eso siempre en mente. Creo fervientemente que todos los prejuicios son malos; eso es algo que digo, postulo y defiendo.

-¿Siente que, de algún modo, usted está “educando” al televidente, mostrándole realidades distintas y haciéndoles escuchar las dos “campanas” en un conflicto?

-Sí, claro. Y creo que es muy bueno que se pueda hacer eso en la televisión, que las personas que trabajamos en los medios podamos mantener un balance en los discursos de los políticos, de los educadores, de los personajes públicos, y hacerlo de una manera entretenida. Creo que la mejor manera de aprender es estar “enganchado”, entretenido con lo que ves, pero al mismo tiempo reflexionando, pensando. Esa es una de las satisfacciones más grandes que me da este programa. Y yo todos los días aprendo algo, de los productores, de las temáticas, de las maneras de ver la vida que se exponen en cada caso.

-¿Se prepara de alguna manera en particular antes de cada grabación?

-Voy al set y no sé lo que va a pasar. Eso es parte de la magia. Entonces yo tengo que saber cómo encarar un tema, cómo indagar y hacer preguntas relevantes sobre lo que estamos discutiendo. Todo eso es parte de la fórmula del programa.

-Antes de dedicarse a la abogacía, tuvo una formación teatral. ¿Cuánto hay de Ana María Polo actriz en sus reacciones?

-Pienso que cualquier persona que trabaja en televisión, mucho más cuando se trata de un programa diario, por más que evite actuar o quiera convencerse de que no está haciéndolo, se está engañando. Todos los que trabajamos frente a una cámara de televisión estamos actuando en cierto nivel. Y hay una realidad: la cámara no ama a todo el mundo. Me di cuenta con mis participantes; a veces veo gente bellísima que pasa por el programa y cuando los miro en el monitor, esa belleza no se refleja. Es algo que va más allá del control de uno; es algo que se tiene o no se tiene.

-¿Piensa en algún momento en explotar de lleno ese costado más artístico?

-A mí me gusta la actuación, las series dramáticas, las películas con buenas temáticas, que te hacen pensar… Si llega a aparecer una oportunidad que me entusiasme, lo voy a pensar. Pero hoy mi prioridad es Caso Cerrado, un programa que hago con amor y respeto, con el que estoy comprometida, que veo que a la gente le gusta. Entonces pienso: “¿Qué más puedo pedir?”.

-Usted tuvo cáncer de mama y hoy utiliza las redes sociales y su programa para generar conciencia sobre la importancia de los controles. ¿Cómo recuerda su enfermedad a la distancia?

-Este año cumplo 14 años de estar libre de cáncer, porque fui diagnosticada en 2003. El cáncer es una experiencia que marca tu vida de alguna manera; el que lo vivió y tuvo que operarse y enfrentar un tratamiento creo que divide su vida en un antes y un después de la enfermedad. Yo pienso que toda figura pública tiene la obligación de compartir su experiencia con la gante, y a mi manera, la sigo transitando porque estoy ligada a distintas organizaciones y hablo mucho con personas a las que las diagnostican.

-¿Se siente una sobreviviente?

-No. He llegado a comprender que no soy sobreviviente del cáncer, sino de la vida. Son tantas las posibilidades de morir que tenemos a diario que el hecho de estar vivos es un milagro. Entonces yo veo a esa enfermedad como una experiencia más, una de las batallas que me tocó librar, y pienso que todos deberíamos ponernos de acuerdo en exigir que se encuentre una cura antes de perder el tiempo en tonterías.

-¿Qué sensación le han dejado los argentinos que han pasado por su corte?

-Te lo voy a decir con toda sinceridad: los argentinos son mis litigantes favoritos porque tienen un nivel de naturalidad que para mí es tan refrescante… Yo no me doy cuenta cuando alguien está actuando o está diciendo la verdad en mi programa, pero los argentinos son tan sinceros que a mí “me piace molto” tenerlos en la sala.

-¿Hay alguna posibilidad de hacer el programa en la Argentina?

-Claro que sí, nunca desecharía esa oportunidad. Me encanta la humanidad, los seres humanos, sus tradiciones, su comida, y la Argentina es un lugar que he visitado en muchas ocasiones. Es un país precioso, de gente cálida, creativa y seductora, y me encantaría hacer Caso Cerrado allí.

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