“Mi personalidad sigue siendo la misma”

¿Cómo encontró al plantel anímicamente cuando asumió? ¿Hubo que trabajar mucho en la confianza?

Nuestro trabajo se basa mucho en eso también. Desde el primer día, la idea era que ellos entendieran la manera que teníamos de trabajar, la manera que necesitábamos que trabajaran y en ese caso, hacer bastante hincapié en la parte anímica también. Son muy buenos jugadores y seguramente era un tema de la cabeza el rendimiento que pudieran llegar a tener. Siempre lo he dicho, no voy a hablar de lo que pasó para atrás porque no me corresponde, sería una falta de respeto. Sí encontré un plantel con muchas ganas de trabajar y muchas ganas de salir adelante. Entonces eso te da un envión y un ímpetu para trabajar que es importante.

¿Por qué ya cuando estaba en Danubio contrató psicólogos para el cuerpo técnico?

Porque en la época mía como jugador, cuando fui a Vélez en 1991, ya tenía psicólogo. Tuve emociones encontradas porque siempre creía que para mí no eran importantes en el fútbol en mi época como jugador. Cuando hice el curso de entrenador, con el primero que me peleé -entre comillas- fue con un psicólogo porque con mi mentalidad de futbolista, preguntó cómo veíamos la función del psicólogo y yo dije que para mí eran como unos ladrones del fútbol, porque creía que no era importante un psicólogo en el fútbol. Con el pasar del tiempo, fue la nota más alta que tuve en el curso y me di cuenta que eran relevantes. Yo creía que esa parte la podía solucionar un preparador físico y no es así. En Danubio tuve un día un episodio y ahí decidí contratar a un grupo de psicólogos. Había un jugador al que no veía bien y le dije al profe que fuéramos a hablar con él y para nosotros era fundamental. Le pregunté qué le pasaba, me dijo que estaba bien, pero agachó la cabeza y empezó a llorar como loco. Algún problema tenía y ni el profe ni yo podíamos solucionárselo y allí decidimos que vinieran los psicólogos.

El otro día, Peñarol ante Wanderers jugó su mejor partido en muchos meses. Sin embargo, usted luego del 4-0 dijo que la única diferencia con el 0-0 ante Boston River, fue que la pelota entró. En realidad, eso no fue así, porque hubo muchas diferencias de juego entre un partido y otro.

Lo que pasa es que no me explayé demasiado en el objetivo de esa respuesta. Contra Boston River, tuvimos 35 pelotas paradas y 28 laterales de mitad de cancha hacia adelante. Evidentemente, el equipo jugó la mayoría del partido en el campo rival. Quedó la sensación por dos errores que tuvimos, que ellos pudieron habernos ganado. A lo que iba es que si hubiéramos metido un gol en ese encuentro, el resultado hubiese sido parecido que ante Wanderers. Sí la manera de jugar fue distinta, pero a los 9 minutos ibas ganando 2-0, a los 30′, 3-0, y eso obviamente abre el equipo, lo deja más tranquilo a la hora de jugar. Contra Liverpool no pasó lo mismo. No fue un partido maravilloso, pero si hubiese entrado una pelota, estoy seguro de que hubiesen entrado muchas más porque tenemos un caudal de jugadores muy importante. Entonces esa fue mi reflexión.

¿Está más ‘casetero’ desde que llegó a Peñarol? ¿Se cuida más a la hora de declarar?

No. Soy siempre el mismo. Voy a los mismos lugares de todos los días, voy al supermercado, cocino, lavo los platos, voy al tablado porque me gusta mucho el carnaval también. No me cambia. Sí profesionalmente porque estás mucho más expuesto a otras cosas, pero yo me baso en que confiamos mucho en nuestro trabajo y acá trabajamos dando siempre lo mejor, entonces, después, que entre la pelota o no, es una circunstancia.

¿Qué cocina?

De todo. Siempre fue una de las cosas que me hubiese gustado hacer en mi vida. Volví a encontrar después de muchos años de estar afuera, a un amigo, Carlos Falco, que es un amigo “tejano” que es un enfermo de la cocina y con él empecé a cocinar algunos platos bastante preparados.

Si no hubiese sido futbolista, ¿habría sido chef?

No creo porque esta pasión se me despertó de más viejo.

¿Qué cambió de aquel Leo Ramos de Progreso como futbolista a lo que es hoy como entrenador?

El peso, eso seguro (se ríe). Cuando era chico estudiaba y trabajaba en una panadería al lado de mi casa que hacía el reparto en aquellas viejas bicicletas de hierro que tenían dos canastos que eran muy pesadas en Pueblo Victoria y hace un tiempo atrás pasé por ahí y fui a saludar a toda la gente del barrio. De hecho, dos por tres paso por el almacén de la esquina de mi viejo barrio y estoy con la misma gente. Obviamente que gracias a Dios y por la carrera que tuve, mi nombre cambió de otra manera. Mi personalidad sigue siendo la misma por la crianza que tuve de mis padres.

Ganar la sexta Copa Libertadores, ¿es un cliché, una frase hecha, o se anima a decir que van por ella?

Estando acá en Peñarol, y esto no es un casete, es la realidad, tenés que apuntar a todo lo que se te ponga por delante. Nosotros vamos a ir en busca del título en el Uruguayo, y en la Copa Libertadores tratar de llegar a la final y si llegamos, ganarla. La idea es esa: pelear por todo lo que tenemos.

Es consciente de que a Peñarol últimamente no le fue nada bien en los torneos internacionales.

Sí, puede ser. Repito, confío en nuestro trabajo y después el tiempo dirá si pasamos o no de fase. Yo digo que el equipo está muy bien. Sí que es una Copa Libertadores que es muy difícil como lo son todas, pero esto también es un tema de envión anímico, si ganás un par de partidos, el equipo crece de otra manera también.

Usted se formó con un montón de entrenadores, pero uno de los técnicos que marcó más su carrera fue Luis Cubilla, ¿no?

Tuve a varios de los mejores que pueda pretender cualquier jugador. Me tocó tener a Luis Cubilla, a Cata Roque con el Chongo Escalada quienes fueron importantísimos para mí, Saúl Rivero, al Pato Pastoriza, a Bianchi, a Russo y Manera, y a Chiche Sosa. Chiche no tuvo la suerte necesaria de contar con un equipo que lo hiciera sobresalir, porque era el ejemplo a seguir como entrenador. Él ganaba 10-0 y era de una manera y perdía 10-0 y era de la misma forma. Trataba de quitarle el dramatismo al fútbol como debe ser. Uno como entrenador se tiene que preocupar y ocupar de cosas que necesitás, pero también sé que esto es fútbol y es un deporte y puede ganar y perder cualquiera. Entonces, si vos perdés un partido, pero sabés que durante la semana trabajaste al 100%, el dolor o el duelo es distinto de saber que no hiciste nada. En ese caso, Chiche era muy simple y yo lo veía como un visionario. Lo tuve en Chacarita y empezábamos los torneos y él venía con el fixture y te decía a quién le íbamos a ganar y con quién íbamos a perder, y le embocaba.

¿Lo hizo acá con los jugadores?

No todavía en Peñarol. En Danubio sí lo hicimos y hemos embocado por convencimiento y allí me veo reflejado en Chiche, de ser tácticamente bien ordenado, de que el jugador cumpla con el objetivo. Cuando empecé a hacer el curso de entrenador, me empecé a juntar en un grupo. Había un bar en Buenos Aires en el que se juntaban Mostaza Merlo, Chiche Sosa, Pastoriza, el Coco Basile y algunos más de primerísimo nivel. Yo iba a tomar café y a escuchar nomás. Obviamente no podía emitir ni media palabra, pero para mí fue una experiencia muy buena.

¿Qué opina de Tabárez como técnico?

Por momentos, no siempre, he sido muy crítico con la manera de jugar. Pero hay que sacarse el sombrero porque lo que hizo es increíble con un plantel muy rico técnicamente. Yo pensaba que había posiciones en las que jugaban algunos futbolistas que no me gustaban, como hincha, no como entrenador, porque sería una falta de respeto hablar del maestro, porque es eso, es un maestro. Seguramente en Uruguay habrá un antes y un después de lo que fue y es Tabárez.

Más que nada era la posición en la que jugó varios partidos Edinson Cavani.

Claro, porque en algún momento yo decía que jugaba muy retrasado. Pero es un gusto personal y repito, es una falta de respeto poder hablarlo. Pero insisto: habrá un antes y un después del Maestro. A mí me tocó jugar muchísimos años atrás en distintas selecciones y pasé varios ciclos que hubo. Creo que (Daniel) Passarella fue quien empezó la revolución y el Maestro le puso una identidad y una manera de trabajar a la selección y seguramente será de aquí en más la fórmula para que Uruguay pueda seguir estando en los primeros lugares.

¿Qué opina de la lucha de los futbolistas tanto de la selección como del fútbol local reivindicando algunos derechos?

Es muy bueno. Es muy valedero que uno defienda su posición. He sido bastante crítico hasta conmigo mismo porque uno a la Mutual va solamente cuando tiene problemas y deberíamos nosotros en mi época como futbolista, haber estado mucho más encima de la Mutual, lo mismo que los jugadores ahora. Es lo que hablaba con algunos a veces: el hecho de ir, de enterarse, de ubicar un montón de cosas, porque se podía haber llegado capaz que a otra situación como ahora. Pero me parece muy valedero y muy importante que un futbolista defienda su posición.

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