Conmoción por misteriosos derrumbes del suelo en una manzana de Boulogne

#ST – Claudia Peralta nunca pensó que no saber nadar le podría haber costado la vida. Mucho menos, en un río subterráneo en el patio de su casa, a diez metros de profundidad, abierto repentinamente bajo sus pies cuando se encontraba allí con su hijo y su pequeña nieta. La niña aún no puede quitarse de la cabeza las imágenes de su abuela luchando por su vida en un torrente de aguas servidas.

La mujer, de 56 años, cayó en el enorme pozo junto con toneladas de tierra y escombros mientras desarmaba una pileta de lona. Permaneció durante varios segundos sumergida en el agua hasta que logró salir a flote y pedir auxilio. Aferrada a una soga, con golpes en todo el cuerpo y una fuerte contusión en la cabeza, fue rescatada y ya se encuentra fuera de peligro.

El hecho se conoció ayer, pero ocurrió el domingo en una vivienda de Boulogne, en San Isidro, en una zona acostumbrada a este tipo de eventos. Hace algunos años, en la misma manzana, una casa prefabricada se perdió en un agujero negro que se tragó hasta el último tenedor. En otro episodio similar, una vivienda quedó suspendida en el aire cuando cedió el piso, y un árbol desapareció de la noche a la mañana en un profundo cráter.

Todo ocurrió en terrenos que funcionaban como playas de maniobras del ferrocarril Belgrano Norte, donde en los años 40 comenzaron a instalarse viviendas para empleados de la línea. En el avance de las construcciones sobre pozos de aljibes y molinos en desuso está parte de la explicación del misterioso fenómeno que pone en peligro a muchos vecinos. Se suma, según voceros de la Municipalidad de San Isidro, que las napas freáticas se encuentran muy próximas a la superficie, lo que genera aún más riesgo de derrumbe.

Al filo de la tragedia

El caso de Claudia ocurrió en el patio de un terreno que cuenta con dos viviendas, situado en Pasaje Garibotti, entre Guayaquil y Piedrabuena. En una vive ella con sus padres, su hijo y una nieta; en la otra, uno de sus hermanos y tres sobrinos. La primera generación de la familia que utilizó ese espacio fueron sus abuelos, en 1946.

“Esa imagen de mi hija en el pozo no me la olvido más. Es como si hubiese vuelto de la muerte. Fue un milagro, gracias a la Virgen está con vida”, repetía Hugo Peralta, el padre de la accidentada, en el patio de su casa, cerca del cráter de al menos cinco metros de diámetro. El hombre aún recordaba los momentos más dramáticos del rescate de su hija.

Foto: LA NACION

Primero sujetándose a una manguera hasta que llegaron los bomberos y luego con una soga enredada entre las manos, Claudia pudo salir del pozo mientras debajo seguía corriendo el río de aguas cloacales. En la caída, la mujer se golpeó en la cabeza con una piedra, por lo que fue internada en terapia intensiva para realizarle estudios específicos.

“Pensábamos que era un poco de agua, no imaginábamos tanta profundidad”, cuenta Fabián Peralta, el hermano de la mujer. Mientras habla se oyen el crujir de las paredes del pozo y el desprendimiento de escombros que caen el río subterráneo. “A la noche no podemos dormir, estamos todos en alerta. Sentimos el peligro cerca; si esto pasa dentro de la casa, no la contamos”, agrega.

La casa de los Peralta es la tercera de la manzana que registra un derrumbe profundo. En 1991 hubo un incidente similar en la vivienda contigua, de la familia Leiva, cuyo frente da a la calle Perito Moreno. Sobre esa misma vía ocurrió un segundo hundimiento en el inmueble de los Aseguín. Vecinos de la zona dicen que otra casa cercana se encuentra en una situación de peligro de derrumbe.

Voceros de la municipalidad aseguran que estos episodios son muy difíciles de prever porque se encuentran en domicilios privados, muchos de los cuales aún tienen pozos ciegos mal rellenados, y para anticipar derrumbes se debería controlar casa por casa. En la zona existe una red cloacal en funcionamiento; la intendencia recomendó a los vecinos controlar los patios y jardines de las propiedades para detectar zonas blandas o hundimientos. En ese caso, deberían llamar a profesionales competentes que garanticen la solución del problema.

“Esa zona era una playa de maniobras ferroviarias y había algunos aljibes o molinos para extraer agua. El paso del tiempo y posibles pérdidas pluviales o fluviales ocasionaron el derrumbe”, explica Bernardo Landívar, secretario de Obras Públicas de San Isidro.

El municipio, al conocer el accidente, montó un operativo para asegurar las paredes del pozo y evitar que continúe ensanchándose. Personal de Defensa Civil, Bomberos, Cuidado Comunitario y de la Unidad de Gestión Municipal realizaron los trabajos, que consistieron en desagotar el pozo para luego rellenar, cimentar, compactar y construir un piso nuevo para evitar otro desmoronamiento. Cuatro camiones cisterna retiraron los 50.000 litros de agua servida en los que el domingo a las 14 se hundió Claudia.

Según voceros de la municipalidad, se pidió colaboración a Agua y Saneamientos Argentinos (AySA) para detectar situaciones similares en los alrededores a la manzana de los agujeros negros, aunque desde la empresa aseguraron que no tienen responsabilidad en controlar lo que ocurre en los domicilios particulares, ya que los caños principales de suministro de agua pasan por las calles o las veredas.

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