Violación grupal: los rugbiers salieron al cruce de la carta de la denunciante

#ST – El caso de violación grupal denunciado por una mendocina de 24 años se ha transformado en una guerra de cartas, a través de los medios. El fuego cruzado, que se evidenció hace unos días entre la defensa y la querella, comenzó ahora a tomar forma personal, donde los contrapuntos son entre los imputados y sus familiares contra la joven, quien se despachó esta semana con un duro texto, que finalmente encontró respuesta, mientras la Justicia avanza, a paso lento.

Así las cosas, luego de que este miércoles la chica dijera que le “robaron la dignidad” y que su vida se ha convertido en un “infierno” por culpa de personas de su entorno rugbista, dos de los acusados y el papá de otro de los deportistas involucrados en el caso cruzaron a la chica, pero también a los medios. Dos de estos chicos podrían quedar desligados del hecho, por falta de pruebas en su contra, aunque continúan imputados por abuso sexual.

El primero que salió a contrarrestar los dichos de la joven es Pablo Filizzola, papá de Maximiliano, uno de los rugbiers acusados, quien expresó: “Solo sé que si hubo un damnificado, ese fue mi hijo y nuestra familia, cuyo daño no tiene solución posible. No soy poderoso, ni adinerado y menos influyente”. Asimismo, cargó contra la prensa: “Nuestra vida cambió para siempre. Para mal. Todos sufrimos un escarnio público en cadena nacional, 24 horas al día. Cada mañana era leer notas en los diarios, en medios electrónicos, redes sociales o escuchar el nombre y ver la foto de mi hijo en cada reunión de más de dos personas con una sentencia emitida: culpable. Culpable de violación, de abuso, de ser un “nene bien”, de familia acomodada, y aunque nada era cierto, la sociedad instaló esa fantasía imposible de borrar”.

Por su parte, luego, el rugbista Ezequiel Pelaia publicó en las redes sociales su descargo y cargó contra las palabras de la chica. “Nunca la noté inconsciente, ni siquiera borracha”, indicó el jugador, quien aclaró: “No hice nada de lo que se me acusa”. Pelaia apuntó contra el abogado querellante y aseguró que no es un “hijo del poder”.

Horas más tarde, Lisandro Biffi, otro de los acusados e hijo del reconocido diputado mendocino de Cambiemos, César Biffi, también publicó una carta, diciendo que sólo espera “la verdad”. Asimismo, expresó: “Los abogados de la denunciante y ella misma, han hecho que nuestra paciencia y silencio se hayan terminado definitivamente. Hemos sido víctimas de una denuncia absolutamente falsa”. Y cierra el texto: “Sin dudas estoy atravesando el peor momento de mi vida sin merecer nada de esto, y solo ruego y espero por la verdad…”.

En medio de este conflicto mediático, de cruce de acusaciones, la Justicia busca determinar, con pocas pruebas, lo que ocurrió la noche del 22 de diciembre en una fiesta en una casa de Chacras de Coria, en Luján de Cuyo donde el equipo de la Unión Rugby de Cuyo (URC) celebraba el triunfo del Seven de la República, disputado en Paraná. Todos los acusados quedaron libres, por no tener antecedentes, y luego de pagar una fianza personal de 150.000 pesos.

Los imputados por abuso sexual agravado son Lisandro Biffi, Ignacio Ceschin, Sebastián Vanin, Enzo Falaschi, Maximiliano Filizzola y Ezequiel Pelaia, todos menores de 25 años; aunque estos dos últimos podrían quedar desligados del caso. Por su parte, el manager del equipo, José “Gaita” Hervida, dueño de la casa donde se realizó el evento, fue imputado por abuso sexual simple.

LA CARTA COMPLETA DE PABLO FILIZZOLA

“Carta de un padre con el nombre manchado”

Quienes me conocen pueden dar fe de un perfil bajo, una vida sin lujos ni ostentaciones; simplemente porque no tengo bienes materiales que andar exhibiendo. No vivo en un barrio privado, ni realizo viajes en avión. No milito ni tengo cercanías con la política, ni siquiera trabajé alguna vez para el Estado. Mis amigos son muy pocos y ninguno es “influyente”; y aunque conozco mucha gente, no soy de pedir favores. Me cuesta, un poco por parco y otro poco porque tampoco me gusta deberle nada a nadie. Trabajo en la finca de mi viejo, bien temprano cada mañana, y aunque hace tiempo la cosa en el campo viene mala, seguimos. Por nosotros y por muchas familias que dependen de nosotros.

Me llamo Pablo Filizzola y desde enero de este año el nombre de mi familia quedó ensuciado para siempre. El mío, el de mis hijos, el de mi esposa, padres, hermanos, todos relacionados con un caso de abuso a una mujer que a pesar de “no acordarse de nada” denunció a mi hijo Maxi de algo que la justicia comprobó que no era cierto.

Acá no hubo privilegios, solo justicia. No soy poderoso, ni adinerado y menos influyente; soy uno más que paga sus impuestos y cumple sus deberes. El abogado que defendió a Maxi, cuyos hijos juegan al rugby con los míos, ofreció sus servicios sin cobrar un centavo, y tampoco puse (ni tengo) el dinero para cubrir la fianza que oportunamente requirió la justicia. Basta de fantasías y suposiciones.

Seguramente ahora hablarán de victimización. Me tiene sin cuidado. Solo sé que si hubo un damnificado, ese fue mi hijo y nuestra familia, cuyo daño no tiene solución posible, aún cuando el propio abogado que realizó la denuncia, Lucas Lecour, reconoció que la acusación sobre mi hijo fue “un poco traída de los pelos”.

Nuestra vida cambió para siempre. Para mal. Todos sufrimos un escarnio público en cadena nacional, 24 horas al día. Cada mañana era leer notas en los diarios, en medios electrónicos, redes sociales o escuchar el nombre y ver la foto de mi hijo en cada reunión de más de dos personas con una sentencia emitida: culpable. Culpable de violación, de abuso, de ser un “nene bien”, de familia acomodada, y aunque nada era cierto, la sociedad instaló esa fantasía imposible de borrar.

A mi hijo le arruinaron la vida. En su cénit deportivo, después de defender a su país jugando al rugby, su nombre quedó ligado a un delito aberrante. Ya nada será igual para él cuando entre a una cancha, cuando tenga que salir a pedir trabajo, cuando quiera formar una familia, cuando cualquier persona en el mundo ponga su nombre en Google. Ahí estarán todas las mentiras que sobre él se dijeron, y aunque la justicia demostró lo contrario, eso ocupará mucho menos espacio porque la verdad no “vende”, no mide en el rating televisivo, ni suma clicks en los portales de Internet.

Nosotros nos unimos más que nunca. Le pedí a cada uno que se acercó para solidarizarse que hiciera silencio y dejara actuar a la justicia. Somos gente simple. Tenemos nuestros “piojos” y podemos discutir como buenos gringos que somos, pero no reconocemos enemigos. Aún en estos casos. Me enseñaron que el rencor y la venganza no son buena compañía.

Muchos me vinieron a contar secretos a voces de la denunciante o de los periodistas que injuriaron a mi hijo. Pero no se paga con la misma moneda, sería hacer lo mismo que hoy critico. Eso no está bien.

Yo no le deseo el mal a nadie, pero creo que los errores se deben pagar. Creo en los valores. Cada uno tiene los suyos y así te va en la vida. No es justo que la difamación sea moneda corriente, que alguien invente un delito para limpiar su nombre y excusar sus actos, aunque eso implique arruinar el honor de una familia de bien. Eso no está bien.

¿Quién responde por las atrocidades que se inventaron sobre mi hijo?, ¿dónde está la marcha para él?, ¿dónde están los minutos y debates en televisión?, ¿los centímetros en los diarios?, ¿los comentarios en los foros?. ¿Saben qué?, se los regalo, no los quiero ni los necesito.

Lo que necesitamos como sociedad es madurar y ser responsables. Necesitamos que cada uno, desde su lugar, desde su actividad, antes de emitir un comentario o señalar con el dedo, se haga cargo de lo que va a hacer o decir. Todos. Civiles, comunicadores, hombres, mujeres. Sin distinción de credo, elección política, sexual, estrato social, educativo. Todos.

A propósito del rugby. No quiero olvidar que también el rugby padeció algo similar a lo que sufrió mi familia. Un deporte que ayudó en mi formación y en la de mis hijos, como lo hicieron mis viejos en casa y mis maestros en la escuela.

Culpar al rugby y los rugbiers por el solo hecho de compartir una actividad deportiva es una falacia desde su concepto.

Es muy lamentable ver a tanta gente caer en ese prejuicio. La historia nos ha dado muestras de sobra de lo que ocurre con ese tipo de odio. Es el mismo prejuicio que sufrieron y sufren diferentes grupos de distinta índole cuando son merecedores de un odio infundado, por el solo hecho de tener un grupo de pertenencia.

Lo sufrieron los judíos por ser judíos, los homosexuales por ser homosexuales, las personas de color, los obesos, los musulmanes. Ejemplos sobran. Es la raíz de la intolerancia. Es estigmatizar al otro por encasillarlo en un grupo donde “todos son iguales” sin fundamento alguno.

Yo, para el rugby no tengo más que palabras de agradecimiento. Desde siempre, a través de mi club (Marista) con entrenadores y compañeros aprendimos que hay reglas, que se respetan, que quien las imparte siempre tiene la razón. Que el sacrificio y trabajo en equipo pueden más que el individualismo. Después, hay buena gente y mala gente, como en todos lados, pero que uno debe preocuparse por hacer lo suyo bien, para que nos beneficiemos todos.

Ojalá todo esto sirva para algo. Cada uno sabe lo que hizo y lo que dijo, como también sabe cuál fue la verdad hallada por la justicia. Yo seguiré yendo a trabajar con mi viejo a la finca, mirando a la gente a la cara, sin deudas ni favores pendientes, con la conciencia limpia.

LA CARTA COMPLETA DE EZEQUIEL PELAIA

Sigo leyendo una y otra vez que debería estar preso por violador, sigo leyendo una y otra vez soy hijo del poder, sigo leyendo una y otra vez como agreden a cualquier persona que me defiende o intenta hacerlo, sigo recibiendo amenazas a diario, se siguen cerrando muchas puertas por la denuncia en mi contra (POR SUERTE LAS IMPORTANTES ESTÁN ABIERTAS DE PAR EN PAR), sigo leyendo y viendo un abogado que dice no querer mediatizar el caso pero que le da la máxima publicidad posible a cada acto (siempre y cuando pueda ser favorable para la “victima”). Y TODO ELLO ES POR ALGO QUE NO HICE.

Me encantaría que este capítulo de mi vida se cierre lo más pronto posible, porque lo que esta chica me ha hecho vivir a mi, a mi familia y a mi entorno también es un infierno. No puedo considerarla como víctima, no después del daño que me ha causado sin justificación, faltando a la verdad, cuando, reitero, NO HICE NADA DE LO QUE SE ME ACUSA Y TAMPOCO CREO QUE LO HAYAN HECHO LOS DEMÁS IMPUTADOS.

Creo que estoy muy muy lejos de ser considerado hijo del poder. No tengo contactos políticos, estoy muy lejos de ser millonario, y verdaderamente no necesito que nadie haga algo ilegal para defenderme, porque la verdad es que no hice nada. Eso es suficiente.

A pesar de que muchos me señalan con el dedo, puedo seguir caminando con la mirada en alto, convencido de los valores que me han transmitido mi familia y mi club. Si bien por los problemas que toda esta denuncia me ha causado, debo confesar que no he dormido tranquilo, si puedo decir que tengo la conciencia absolutamente en paz.

Hoy lo importante para mi pasa por la defensa técnica en el expediente, donde según me informan mis abogados, absolutamente todas las pruebas que se han producido indican que lo que paso esa noche no es delito. Hablaron de que alguien la habría drogado a esta chica, eso fue descartado después de dos exámenes toxicológicos. Hablan de abuso sexual con acceso carnal, ya los peritos mencionaron que no había rastros de esperma ni lesiones en la zona vaginal. Hablaron de un estado de inconsciencia, pero hasta su hermana y amiga no se dieron cuenta en ese momento.

Ya han declarado testigos asegurando que yo no tuve contacto con esa chica, yo ya he aportado mi versión de los hechos desde el primer dia que se me cito a declarar, estuve toda esa noche acompañado principalmente por dos personas y ya lo han ratificado en el expediente.

Me asombra que el Dr. Lecour diga que yo “me estaría comiendo un garron” y diga que no puede hacer nada. Eso es mentir. Si que puede, y es lo que debería hacer si tuviese integridad moral. Pero, evidentemente, sus intereses personales hacen que pierda el foco de Justicia. En su debido momento, mis abogados pedirán el sobreseimiento, pero el Dr. Lecour junto la denunciante, son los primeros que deberían haberlo pedido, y evitar hacerme vivir ese infierno. Si lo que verdaderamente buscan es Justicia, deberían ser los primeros en ser honestos y plantear las cosas como realmente son. Lo único que ellos han buscado, es que sin importar el resultado del proceso, se me condene socialmente a mi y a mis compañeros.

Basta leer muy poco el expediente para darse cuenta que hay siete imputados en una causa donde ella denuncia que habría sido abusada por cinco personas, a pesar de no recordar nada. Es decir, lo único seguro es que ella a dos personas le arruinó la vida, sin importarle nada. Si estaba inconsciente, como puede denunciar a personas específicamente, por no son ni la amiga ni la hermana las que dan nombres, es ella quien desde el primer momento de la denuncia quien dice que yo soy una de las personas que abuso de ella.

Estoy completamente seguro, que ninguno de mis compañeros puede haber hecho lo denunciado, pero yo no vi nada de lo sucedido y no me parece prudente opinar sobre cosas que no he visto personalmente. Si puedo ASEGURAR que al retirarse de la fiesta me saludó y agradeció la invitación. También puedo ASEGURAR que la vi bailando desde bastante temprano con uno de los chicos, quien también se encuentra hoy imputado. Nunca la note inconsciente, o siquiera borracha.

Debo agradecer a Juani Day y a Francisco Diez, por defenderme, dado que ahora según muchas personas, no merezco ser defendido. Han recibido todo tipo de críticas por una defensa de un hecho que no sucedió.

Por suerte se las personas que son, y se también que si considerasen que algo de este hecho podría ser cierto, no nos defenderían.

Agradezco también a mis amigos y seres queridos por bancarme en estos momentos. Ezequiel Pelaia

LA CARTA COMPLETA DE LEANDRO BIFFI

“Espero por la verdad”

Hemos soportado desde hace 2 meses todas las injurias, descalificaciones y agravios posibles. Lo hicimos, lo hice, en silencio y esperando con mucha angustia y tristeza, pero en silencio, convencidos como estábamos que ya con el proceso judicial en marcha, solo quedaba esperar el resultado del expediente judicial.

Pero los abogados de la denunciante y ella misma, han hecho que nuestra paciencia y silencio se hayan terminado definitivamente.

Hemos sido victimas de una denuncia absolutamente falsa. Ninguno de los hechos que tan profusamente los abogados y la denunciante han transmitido a los medios de comunicación tienen puntos de contacto con la realidad.

De hecho, en el terreno de las pruebas en el expediente, todas hasta aquí demuestran la falsedad y las mentiras que se han intentado instalar para influir a favor de la “victima” en la opinión publica y consecuentemente en el accionar judicial.

Todas las pruebas, físicas y toxicologicas, demuestran que no hubo violencia, no hubo acceso carnal ni presencia de drogas, y todos los testigos han declarado haber visto a la denunciante en perfecto estado, sin síntoma alguno de no estar en conocimiento de sus actos. Desde su primer declaración hasta la carta que publico en los medios en el día de ayer ha ido cambiando y acomodando su relato incurriendo en muchas contradicciones e inconsistencias que en el expediente pueden advertirse a simple vista.

En lo que a mi respecta nada hice, absolutamente nada. Estoy totalmente seguro de mi absoluta inocencia. Sin embargo, se insiste en sostener una historia falsa y ni yo ni quienes me rodean merecen seguir atravesando el calvario en el que han transformado nuestras vidas.

Se me acusa falsamente, a mi como al resto de mis compañeros, de un delito muy grave que nadie cometió.

Y finalmente, si como dice la denunciante siente que ella perdió su dignidad, nosotros lo perdimos todo: El buen nombre que teníamos, caminar tranquilos por la calle, ir a mi trabajo, a la universidad y a mi club en paz sin sentirme observado y criticado anticipadamente por todos aquellos que sin saber la verdad de los hechos ya me condenaron por algo que no he cometido, sometiendo a nuestras familias a un injusto infierno que nadie se merece vivir.

Sin dudas estoy atravesando el peor momento de mi vida sin merecer nada de esto, y solo ruego y espero por la verdad.

Biffi Lisandro, DNI 37.003.138

LA CARTA COMPLETA DE LA JOVEN DENUNCIANTE

“Sólo una mente perversa inventaría algo así”

Quiero contar lo más triste que me pasó en la vida. Nunca imaginé encontrarme en esta situación tan dolorosa. Si fuera por mí, no desearía hablar de algo que tanto daño me hace, pero es tanta la presión y la impotencia, que decidí expresar un poco de lo que siento frente a tanta injusticia.

Me parece muy injusto haber ido a una fiesta a pasar un buen rato con mis amigas y que haya terminado todo tan mal como terminó, que cinco “hombres” hayan abusado de mí. Nunca me imaginé y menos sospeché que gente de mi entorno, con las cuales compartimos la misma pasión por el rugby, me traicionaran de esta manera.

Quiero y necesito aclarar que en ningún caso, ni bajo ninguna circunstancia, hubiera aceptado estar en esa horrible situación con cinco hombres. Esa noche no di mi consentimiento para nada de todo lo que pasó. Me robaron mi dignidad sin importarles nada. Solo fui una “cosa” que usaron para calmar sus más bajos instintos. ”

“Ellos” decidieron por mí. No es normal que cinco hombres se acuesten con la misma mujer en tan poco tiempo y frente a personas mayores. Ya no es suficiente decir no, a mí ni siquiera me dejaron decir “NO”.

Como si todo lo que pasó esa noche fuera poco, mi vida cambió y se volvió un infierno. No es solamente denunciar el hecho y listo, no. Significa someterme a miles de cosas horribles e ir a lugares donde no quiero estar. Es intentar procesar todo lo que pasó y estoy pasando, y buscarle algún sentido. Tener que escuchar que mienten sobre lo ocurrido, que digan que yo violé a un grupo de cinco hombres, que yo busqué esto por haber ido a la fiesta y tomado alcohol, que busco prensa, dinero y mil cosas más, dignas de personas verdaderamente muy malas, poco racionales y, prácticamente, nada humanas. Dicen que esto yo lo inventé, que podría sacar provecho, solo en una mente perversa, esta sea una manera. Nadie inventaría una cosa así.

Significa estar mal, angustiada, llorar todo el tiempo y de la nada, no poder sonreír con las mismas ganas y felicidad que antes lo hacía, es intentar estar bien sin poder lograrlo. Abandonar todas mis actividades cotidianas. Es tan difícil entender que la vida sigue.

No deseo semejante dolor a nadie, ni siquiera a las personas que tanto daño me hicieron y me siguen haciendo. Ojalá nunca se encuentren con una hermana, una madre, una hija, una nieta, una novia, una amiga, ni a nadie en esta situación.

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