Isabel Pantoja debutó en Viña del Mar tras salir de la cárcel

#ST – Su resurrección artística tenía que ser tan magestuosa como ella. Con el show más grande de la historia del Festival de Viña del Mar, Isabel Pantoja dio inicio a su nueva gira mundial, su gira de regreso tras pasar dos años en la cárcel, condenada por un delito de blanqueo de capitales. Fue récord de cantidad de músicos en escena, incluso superando lo realizado por Sting en 2011 en la misma Quinta Vergara: gran parte de la Orquesta Sinfónica de Chile se unió a su banda, acercando la cifra total de personas sobre el escenario a 100.

Enmarcada en ese increíble despliegue y a la imponencia visual del festival (que se transmite todas las noches en vivo a través de Chile Visión y que replica TNT y HTV para toda Latinoamérica), la española apareció con los brazos abiertos, en un gesto que denotó el agradecimiento que demostraría durante toda la noche. “Soy mujer de poco hablar, soy cantante de poco hablar, pero sí quiero dar las gracias infinitas por haberme dado la oportunidad de pisar la Quinta Vergara por primera vez”, dijo con lágrimas en los ojos.

La emotividad del regreso después de su confinamiento, se sumó a la otorgada por su debut sobre el mismo tablado en el que su amigo y colaborador Juan Gabriel fue históricamente bien recibido. El Divo de Juárez, como era llamado el cantante mexicano fallecido en agosto del año pasado, iba a formar parte de esta edición del festival pero su repentina muerte lo impidió. Por eso el show de Pantoja estuvo además signado por pequeños homenajes con algunos covers como el clásico (que también popularizó Maná) “Se me olvidó otra vez” o “Hasta que te conocí” pero también con temas compuestos por él especialmente para ella, desde “Así fue” (del disco Desde Andalucía, de 1998) a “Hasta que se apague el Sol”, que da nombre al último trabajo hecho en colaboración y editado en 2016.

“Hoy puedo cantar, que es lo único que voy a seguir haciendo hasta que Dios me lo quite”, dictaminó ante un público fanático que por momentos entró en trance y por otros lloró, transportado por la potencia de su voz. Durante las casi dos horas que duró su show orquestado, Pantoja no pudo evitar demostrar que la cárcel no pudo debilitar su carácter; por eso se impuso pidiendo respeto a los que desde la primera fila conversaron mientras cantaba, juró con un grito volver el año que viene junto a su banda pero también se demostró sincera cuando señaló a Lali Espósito y le confesó su admiración.

Sus coplas adornadas por los arreglos sinfónicos fueron atravesadas por un bloque flamenco, con cajón peruano y dos guitarras al frente. Ahí (con “Inocente pobre amiga”), ella, que ya había insinuado unos pasos y gestos, se entregó al baile: levantó el vestido negro para dejar ver sus piernas moviéndose al ritmo de la música.

Como en todos los shows de cada jornada del Festival, Pantoja recibió los premios -supuestamente- exigidos por el público, el llamado “monstruo”, que esta vez estuvo conformado por evidentes amantes de su música. Pero a la Gaviota de Plata y la Gaviota de Oro, los que se llevaron todos los números presentados hasta el momento, a quien alguna vez fue la Viuda de España se le entregó un galardón único, la Gaviota de Platino. De las manos de la alcadesa de Viña del Mar, Virginia Reginato Bozzo, la recibió con lágrimas en los ojos y una sincera emoción. A pesar de la mezcla de sensaciones -la nostalgia ante el recuerdo de su compañero querido, la movilización por debutar en uno de los escenarios más exigentes de Latinoamérica y catalizar el exorcismo después de los peores momentos de su vida- su voz continuó inquebrantable.

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