Es un colombiano el narco al que juzgan en Rosario y que usaba un nombre falso

Hace un mes en los Tribunales Federales de Rosario detectaron que estaban juzgando a un individuo cuyo nombre nadie allí sabía. Era un juicio, todavía en curso, contra una organización de diez personas acusadas de vender droga al menudeo en ciudades argentinas y exportar cocaína de origen colombiano a tres países de ultramar. Uno de los principales imputados es un correo de la banda que en 2008 se subió en Ezeiza a un avión que tenía a Madrid como destino final, pero fue interceptado en una escala en San Pablo con 5,745 kilos de cocaína. Este hombre fue juzgado y condenado en Brasil a seis años de prisión como un ciudadano argentino nacido en 1953 llamado Luis Avelino Esquivel. Pero en el trámite quedó en claro que esa identidad, que acreditaba con documentos legítimos, la había usurpado.

Cuando en el Tribunal Federal Oral Nº 2 de Rosario se dieron cuenta de la adulteración emprendieron una sumaria investigación que llevó a detectar al verdadero dueño del nombre que el acusado de narco utilizaba. Así fue que llevaron al estrado al auténtico Luis Avelino Esquivel. Era un comerciante modesto que nunca había salido de Quilmes, en el sudeste del conurbano bonaerense, donde había trabajado siempre y vivía con su familia. En la sala de audiencias de Oroño al 900 fue un momento de tensión y desconcierto: había dos Luis Avelino Esquivel, uno como imputado de traficar droga, el otro como involuntario testigo en el trámite porque le habían robado la identidad. El hombre de Quilmes dijo a qué se dedicaba y que nunca había cometido un delito. El acusado en el juicio y su abogado defensor lo escucharon sin replicar una palabra.

El martes pasado el hombre juzgado como Luis Avelino Esquivel cambió de idea. Al iniciarse la audiencia solicitó permiso para hablar. Cuando los jueces lo hicieron pasar saludó con respeto y admitió que el nombre con el cual había llegado allí no era el suyo. Afirmó que se llamaba Oscar Rey Patiño, que era colombiano y que las constancias de su identidad las tenía el mismo tribunal entre la evidencia secuestrada. Adujo que su pasaporte colombiano había sido encontrado por los policías en la casa de Marcelo Biradelli, quien también está sentado en este juicio, acusado de ser proveedor de droga a un grupo de vendedores de ciudades bonaerenses.

“Son míos”

Desde el tribunal, que a esta altura ya estaba al tanto del asunto, pidieron que le exhibieran los documentos. Le acercaron una cédula colombiana y un pasaporte de la misma nacionalidad, ambos con el número 19.347.220 y el nombre de Oscar Rey Patiño. “Sí, son míos”, dijo. De este modo, admitió ser un impostor.

Así fue que por primera vez en los nueve años que lleva esta investigación se supo que este hombre había sido condenado en Brasil con un nombre y un documento argentino apropiados. En el juicio llamaba la atención su acento mestizo que no parecía propio de ninguna región argentina. El tribunal integrado por los jueces Beatriz de Barabani, Omar Digerónimo y Ricardo Vázquez ya estaba en conocimiento de que tenían a otro colombiano —el cuarto— en la audiencia. Ya habían detectado el pasaporte de Patiño Rey, habían encargado un informe a las autoridades colombianas y ya tenían la respuesta. Pero eso no cierra para ellos las incógnitas. Piensan que puede ser una tercera persona.

¿Por qué creen eso? La división de Interpol en Colombia confirmó que la impresión dactilar del índice derecho que contiene la base de datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil coincide con la que el tribunal rosarino le envío del fantasmal hombre juzgado. Es la que figura en el pasaporte 19.347.220 con el nombre de Oscar Patiño Rey. Pero eso no quiere decir que la persona juzgada en Rosario pueda tener un pasaporte colombiano legítimo y haberle usurpado la identidad a otro. Precisamente eso es lo que ya pasó en Argentina. El individuo que comparece desde noviembre pasado en este juicio en Rosario tenía un documento argentino legítimo. Lo que había robado era la identidad de otro, lo que quedó al desnudo cuando el verdadero Luis Avelino Esquivel, el que vive en Quilmes, estuvo en el tribunal. Sostuvo que su DNI había sido emitido por cuadriplicado y que cada vez que los cambiaba dejaba al viejo en el Registro Civil. Alguno de esos DNI auténticos llegó a manos del transportador de cocaína sentenciado a la cárcel en San Pablo.

Lo que refuerza la idea de que este hombre tampoco es Oscar Rey Patiño es que esa persona en Colombia tiene un prontuario policial sin manchas. Y al hombre juzgado aquí se lo presume ligado en forma rutinaria al delito. Del pasaporte de Rey Patiño surge por los sellos de migraciones que durante dos años —entre 2006 y 2008— tuvo veinte entradas y salidas entre Colombia y Argentina. Tal frecuencia de viajes en poco tiempo, dicen en los Tribunales Federales, es típica de los correos de droga.

La presunción es que el hombre que dijo ser Esquivel y ahora dice ser Rey Patiño puede ser alguien más. Sigue firme la impresión de que tiene una historia que para sí mismo no es conveniente ventilar. Sí se sabe que es el mismo que atraparon en el aeropuerto paulista con casi seis kilos de cocaína, que lo condenaron allí y que lo trasladaron a Argentina para este juicio. Se lo requería como emisario de los colombianos Argemiro Sierra Pastrana y Luis Fernando López Echeverría. El primero es un ganadero al que se lo acusa de ser el exportador de la cocaína desde Colombia en latas de fruta. El segundo se le imputa recibir en Buenos Aires la sustancia y organizar la distribución con proveedores y vendedores al menudeo en distintas ciudades.

La semana que viene están fechados los alegatos de las partes. Será la ocasión de escuchar la voz de un hombre que empezó a este juicio con un nombre y ahora tiene otro. Que nadie puede asegurar sea el mismo con el que lo termine.

la audiencia. El hombre de camisa rayada ahora dice ser Oscar Rey Patiño. En el juicio mantienen la sospecha.

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